| Hay
que romper el silencio
Por
Iván Becerra
El
gobierno de Estados Unidos no puede seguir protegiendo a grupos
terroristas y encarcelando a quienes los combaten sin que la opinión
pública norteamericana y mundial lo sepan.
Cuba,
durante años, le ha entregado información detallada
a instancias gubernamentales estadounidenses, incluido el más
alto nivel, acerca de acciones criminales de bandas localizadas
en el Sur de la Florida.
Ni
una sola investigación, ni siquiera un arresto se ha concretado
en virtud de esas evidencias. Luis Posada Carriles, connotado terrorista,
ha sido un ahijado de la CIA y del FBI durante decenios.
Autor de innumerables atentados contra Cuba y otros países,
está arrestado con todas las comodidades en Panamá
tras intentar asesinar al presidente cubano, Fidel Castro, durante
la Cumbre Iberoamericana. La mafia miamense está presionando
públicamente para lograr su libertad mediante cualquier vía,
incluida la evasión.
Washington
apoya a grupos y personas declaradamente terroristas y, al mismo
tiempo, persigue y encarcela a quienes los combaten.
Es un acto de profunda injusticia el arresto de los cubanos Gerardo
Hernández, Ramón Labañino, Antonio Guerrero,
Fernando González y René González, héroes
que se enfrentaron, a riesgo de la vida, a las bandas paramilitares
asentadas en Miami.
Y
es un acto de extrema crueldad demorarles o hasta negarles permisos
a sus familiares para que puedan viajar a Estados Unidos y visitarlos
en la cárcel. Washington y sus amigos de Miami lo hacen todo
para liberar al genocida Posada Carriles y, simultáneamente,
juegan con los sentimientos de madres, esposas e hijos de cinco
luchadores por la paz injustamente confinados.
No
hay expediente de respeto a los Derechos Humanos que resista esa
infamia. Hay que denunciar ese crimen de un extremo a otro del mundo.
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