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El FBI al servicio
del crimen
Por:
Iván Becerra
Poco
tiempo después de ser nombrado al frente del Buró Federal de Investigaciones
en el área de la Florida, Héctor Pesquera ratificó compromisos con
los jefes de la mafia anticubana que allí radica. Y declaró públicamente
que no tenía intención alguna de investigar informes sobre actos
terroristas efectuados por grupos de origen cubano.
En
ese mismo año de 1998, autoridades cubanas le habían entregado al
FBI importantes informes sobre acciones de pandillas extremistas
armadas, incluidas grabaciones y fotografías.
Sin
embargo, Pesquera actuó sobre la base de los acuerdos que había
establecido con los herederos de Mas Canosa, y arrestó a Gerardo
Hernández, Ramón Labañino, Antonio Guerrero, Fernando González y
René González, cinco héroes cubanos, luchadores por la paz, que
en la clandestinidad protegían del terrorismo a los pueblos cubano
y norteamericano.
El
tiempo y las circunstancias originan a veces hechos contradictorios.
Mientras el jefe del FBI en Miami se entregaba en cuerpo y alma
a las actividades contra Cuba, en el Sur de la Florida se entrenaba
una parte del grupo que (se presume) protagonizó posteriormente
los actos terroristas del once de septiembre.
Hombres
cultos y con una alta preparación moral y ética, los cinco héroes
cubanos enfrentaron con una sólida dignidad los desmanes y maltratos
de que fueron víctimas. No se les vio retroceder en sus principios
ni en las celdas solitarias, ni ante las colosales violaciones de
las leyes estadounidenses perpetradas en una corte viciada.
Ni cuando fueron arbitrariamente condenados a penas desde quince
años de reclusión hasta cadenas perpetuas. Ellos constituyen una
causa mundial, y su libertad es un compromiso asumido cada día por
más hombres y mujeres honrados del mundo.
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