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Nada puede separar
a los pueblos
Por:
Iván Becerra
La mafia anticubana
de Miami logró que una Corte sin escrúpulos instalada en el ambiente
hostil de Miami condenara a penas desde quince años hasta cadenas
perpetuas a cinco héroes de la lucha contra el terrorismo.
Gerardo Hernández,
Ramón Labañino, Antonio Guerrero, Fernando González y René González
están encarcelados desde hace más de cuatro años, gracias a una
conspiración entre el FBI, la cúpula gangsteril de la contrarrevolución
y la ultraderecha del Sur de la Florida.
Uno de los objetivos
de esa jugarreta es presentar al pueblo cubano como enemigo de Estados
Unidos, mantener una barrera ideológica y política entre los ciudadanos
de ambos países. Y, de paso, seguir provocando un incidente para
ocasionar una agresión armada estadounidense contra Cuba.
Pero esas intenciones
están cayendo en crisis ante el creciente movimiento dentro de la
Unión contra el bloqueo y por la liberación de los cinco cubanos.
Las
evidencias de que el pueblo norteamericano está reaccionando ante
absurdos presupuestos oficiales se manifiestan también en la oposición
al belicismo, al unilateralismo en las relaciones internacionales,
y al deterioro de los derechos civiles.
En cuanto a Cuba, los estadounidenses comienzan a preguntarse por
qué no pueden viajar a la isla. Y los que han viajado, en pleno
desafío a posibles multas y persecuciones, se encargan de divulgar
una verdad incuestionable: este es el país donde más se respeta
a los representantes de Estados Unidos.
Ese hecho, corroborado en múltiples intercambios deportivos, culturales
y académicos, destruye por sí mismo los objetivos de la contrarrevolución
miamense, y perfila un cambio en la perspectiva de ambos pueblos.
El
pensamiento medieval de la ultraderecha y la mafia se cae a pedazos
con la misma celeridad que el bloqueo tiende a desaparecer.
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