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Cubanos y norteamericanos,
víctimas del terrorismo
Por
Iván Becerra
Los jóvenes cubanos
Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Antonio Guerrero, Fernando González
y René González, injustamente prisioneros en Estados Unidos, actuaron
contra grupos terroristas que representan una gran amenaza no sólo
para el pueblo de Cuba, sino también para los ciudadanos norteamericanos.
Se sabe que desde
1968 hasta el año 2000, esas pandillas originaron más de 60 actos
de violencia en el sur de la Florida, que costaron la vida a muchas
personas.
La gran racha fue
iniciada por Orlando Bosch, quien hace más de tres decenios disparó
una bazooka contra un barco mercante polaco en el puente Macarthur
Causeway.
Esa jornada, desde
entonces, es definida en Miami como El Día de Orlando Bosch,
a modo de homenajear al terrorista, autor del estallido de un avión
comercial cubano en pleno vuelo, hecho conocido como el "Crimen
de Barbados".
La grandeza y el riesgo
de las actividades antiterroristas que Gerardo, Ramón, Antonio,
Fernando y René cumplieron durante años se comprende más claramente
al conocer el carácter homicida de las tenebrosas pandillas que
ellos penetraron en Miami.
Algunos de esos sujetos,
como Luis Posada Carriles, socio de Orlando Bosch en el atentado
de Barbados, están presos en Panamá, como consecuencia de una denuncia
cubana. En Miami se hacen esfuerzos extraordinarios para liberarlos,
los llaman "patriotas" y se organizan colectas para su
defensa o para ayudarlos a fugarse.
No se sabe cuánto habrá
que esperar para que el Buró Federal de Investigaciones cumpla con
su trabajo en el Sur de la Florida.
Porque hasta ahora,
el FBI sólo se ocupó de vigilar, perseguir y encarcelar a jóvenes
que estaban allí por la necesidad que tiene Cuba de defenderse de
los asesinos que andan sueltos en Miami.
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