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El
heroísmo y sus consecuencias
Por:
Iván Becerra
Movimientos de solidaridad comprometidos en la lucha por liberar
a cinco cubanos prisioneros en Estados Unidos por combatir el terrorismo,
proyectan vincular ese empeño con el aniversario 35 de la
muerte del Che en Bolivia, que se cumplirá el próximo
octubre.
Serán,
en efecto, jornadas de especial trascendencia. Porque el enemigo
que asesinó fríamente a Ernesto Guevara en las serranías
bolivianas es el mismo que se ensañó en Gerardo Hernández,
Ramón Labañino, Antonio Guerrero, Fernando González
y René González, condenados sin pruebas ni testigos
a penas desde quince años de reclusión hasta cadenas
perpetuas.
Es el mismo enemigo que, en el refugio que representa el Sur de
la Florida, y específicamente, Miami, intenta crear una barrera
artificial entre los pueblos de Cuba y Estados Unidos, y, sobre
todo, provocar un conflicto armado entre ambos países.
Más
allá de las trampas y las mentiras que caracterizaron el
proceso contra los cinco héroes, la dignidad de esos hombres
demuestra al mundo la estatura moral de los revolucionarios cubanos.
Ellos
forman parte y representan a un pueblo que jamás ha cambiado
su himno y su bandera por un plato de lentejas, hecho insólito
en una época en la que el dinero suele comprar soberanías.
Cuba,
desde ese punto de vista, es del mundo. Hombres y mujeres de este
país han prestado sus servicios gratuitamente como médicos,
maestros, técnicos y combatientes en lejanas tierras, sin
pedir nada a cambio. Cientos han perdido la vida en ese objetivo.
Millones trabajan a diario en difíciles condiciones por el
futuro de la Nación. De ese vital y noble grupo humano que
se define como pueblo de Cuba, que también es el pueblo del
Che, salieron Gerardo, Ramón, Antonio, Fernando y René.
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