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El
terrorismo de Miami
Por
Iván Becerra
El
presidente Bush haría un acto de justicia si admitiera que el Sur
de la Florida es una región en la que se gesta un peligro potencial
terrorista contra el mundo.
Quizás,
en silencio, haya incluido esa área del planeta en la lista de 60
territorios a los cuales Washington proyecta atacar de modo preventivo
y sorpresivo porque, según criterio del mandatario, constituyen
una amenaza para el resto de la Humanidad.
La
denominada República bananera de Miami es un centro de corrupción
y crímenes, así como albergue de narcotraficantes, asesinos, traficantes
de personas y terroristas.
Por
esa razón, únicamente en Miami, pueden ser condenados héroes de
la lucha contra el terrorismo como los cubanos Gerardo Hernández,
Ramón Labañino, Antonio Guerrero, Fernando González y René González.
Ellos se infiltraron en pandillas miamenses para prevenir a su pueblo
de posibles acciones violentas. Nada hicieron contra el gobierno
estadounidense.
Gerardo,
Ramón, Antonio, Fernando y René protegieron no sólo a Cuba, sino
también al pueblo norteamericano, de los desafueros de la mafia
miamense, pero el FBI los persiguió y arrestó, para regocijo de
los grupos anticubanos y de los fundamentalistas de la extrema derecha
norteamericana.
Posteriormente,
la jueza Joan Lenard, el jurado (amedrentado o sobornado) y la fiscalía
(al servicio de la mafia) combinaron esfuerzos para imponer sentencias
desde quince años de privación de libertad hasta cadenas perpetuas,
en un auténtico linchamiento judicial.
Jamás
se cometieron tantos abusos contra cinco acusados, inocentes de
graves cargos de conspiración para cometer espionaje y conspiración
para asesinar.
Mientras,
terroristas como Orlando Bosch (autor intelectual de la voladura
de un avión comercial cubano en pleno vuelo), continúan conspirando
tranquilamente en Miami para atacar a la nación caribeña.
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