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Acusadores
al servicio de los pandilleros
Por:
Iván Becerra
Los fiscales que actuaron en el proceso
contra los cinco cubanos que se infiltraron en grupos terroristas
de Miami no representaron al gobierno de Estados Unidos, sino al
sector extremista de la comunidad cubano-americana asentada en Miami.
Las organizaciones Alfa 66, Fundación
Nacional Cubano-americana y Comandos F-4 no corrieron riesgo de
ser inculpadas por actos violentos dentro y fuera de territorio
norteamericano.
Por el contrario, representantes de
esos grupos se abrazaban con los acusadores ante los ojos de todos,
especialmente ante los de Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Antonio
Guerrero, Fernando González y René González, cuyos derechos como
acusados fueron pisoteados sin ningún escrúpulo.
Es difícil recordar un proceso judicial
en el que se hayan violado tantos preceptos y principios, y cuyos
veredictos hayan afectado no a los culpables, sino a los inocentes.
Las acciones del Ministerio
Público en el tramposo juicio de Miami contra los cinco héroes cubanos
nada tienen que ver con la búsqueda de la verdad.
Trataron de ocultar
evidencias de actos terroristas perpetrados por las pandillas miamenses
tanto en Cuba como en Estados Unidos, lo cual define el estado de
necesidad que obliga a esta isla a tener ojos y oídos en la Florida.
Manipularon y tergiversaron
los hechos. Intentaron controlar la Corte. Y presionaron a testigos,
incluido el General Charles Whilhem, ex jefe del Comando Sur, para
evitar que testificara en nombre de la Defensa.
El pueblo norteamericano,
a medida que se entera de estos detalles, se avergüenza de esos
fiscales. Ellos representaron a personas que carecen de moral y
principios, a auténticos mafiosos que, en otros momentos, han llegado
al punto de ultrajar públicamente la bandera de Estados Unidos.
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