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La
cólera de los terroristas
Por
Iván Becerra
El
linchamiento judicial ejecutado contra los Cinco héroes cubanos
prisioneros políticos en Estados Unidos es probablemente el único
acto con matices legales en el mundo, en el que asesinos y pandilleros
sirvieron de testigos a la Fiscalía.
El
ministerio público, según la práctica más común, es el representante
de los intereses de la ciudadanía. En el caso de Gerardo Hernández,
Ramón Labañino, Antonio Guerrero, Fernando González y René González,
la fiscalía devino vocera de los elementos neofascistas que actúan
impunemente en Miami.
José
Basulto, cabecilla de uno de esos grupos, acorralado por sus propias
declaraciones, se vio obligado a reconocer acciones realizadas por
él contra Cuba.
Y,
presa de fanático delirio, acusó al abogado defensor de ser miembro
de la inteligencia cubana. Otro testigo, Arnaldo Iglesias, leía
descaradamente apuntes en la palma de la mano para responder a los
interrogatorios.
Nada
tiene que ver el comportamiento de la mafia anticubana en el proceso
de Miami con la conducta digna e intachable de Gerardo, Ramón, Antonio,
Fernando y René, cuya dignidad sobresalía por encima del circo montado
en aquella Corte irregular.
Los
alegatos de cada uno de ellos constituyen piezas oratorias, expresiones
de una verdad que su Patria refleja en muchos campos de actividades.
Tal es el espíritu con que cientos de médicos llevan una esperanza
de vida a recónditos lugares del Tercer Mundo.
Con
esos mismos principios, el pueblo cubano sobrevivió a la desaparición
de la Unión Soviética y el campo socialista europeo, logró salvar
la economía y, con una capacidad de resistencia extraordinaria,
ha mantenido la defensa del país frente a la agresividad de Estados
Unidos, al punto de declarar, soberanamente, un Socialismo irrevocable.
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