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Mami,
estoy orgulloso de ti!
Hugo
García Fernández
Al primer golpe de
vista, la compacta vegetación frente a la vivienda no deja
dudas de que sus habitantes aman la naturaleza. Helechos, mariposas
y otras plantas ornamentales recrean con su verdor el paisaje, que
no por brindar sosiego salva la herida profunda de la ausencia de
un hijo, hermano, esposo, tío, vecino, para todos, cariñosamente
Gerar...
Y el hecho de sentarme
en el sofá de vinil rojo donde Gerardo Hernández Nordelo
se acostaba sin camisa y en short a jugar con cualquiera de sus
cinco sobrinos, me acercó a la familiaridad de uno de nuestros
cinco héroes prisioneros del Imperio.
"Fue siempre muy
cariñoso, saludable, aunque hacía alergia a la aspirina",
nos relata Carmen Nordelo Tejera con la voz casi imperceptible,
cada pedacito de historia de su único varón, mientras
se mece en uno de los dos sillones en que alguna vez también
este se balanceó.
En la medida en que
dialogamos sobre su hijo más chico, la noto más dispuesta
a revisar en su mente etapas que pasan por la vida inadvertidas
y a las que uno apenas les brinda importancia en su momento, hasta
un día en que se agolpan motivadas por situaciones especiales.
La mirada
de Gerardo denota picardía. ¿De chico le dio muchos
dolores de cabeza?
Al contrario,
era muy responsable, estudioso. Incluso, cuando él nació
yo tenía una hija de diez años y otra de ocho, y la
gente me decía que ese niño se iba a criar podrido
en malacrianzas, porque después de dos hembras grandes tener
un varón no sería nada fácil.
"Por ejemplo,
mi esposo se ponía a arreglar el jardín y Gerar cogía
el vagón y llevaba la hierba a botarla a un placer cercano;
entonces una vecina me comentaba: Carmen, eso es un abuso,
porque el niño está chiquitico; y yo le contestaba,
imagínate, eso le nace, nadie lo obliga ni se lo pide.
"Él se
caía, se levantaba, se sacudía las rodillas y decía:
los machos no lloran. Practicaba kárate, pelota,
jugaba bien dominó y el billar; siempre estaba activo, hacía
caricaturas y participaba en concursos, y cuando una vez ganó
una mención, pues empezaron a publicárselas en las
revistas y periódicos."
Amable, humilde, Carmen nació el 15 de julio de 1933. Casualmente
en igual día y mes se casó Gerardo con Adriana, y
desde entonces el 15 se convirtió en el número preferido
del joven.
¿Dicen
que los varones sienten siempre mayor apego por las madres?
Él es
muy cariñoso con todo el mundo. Y conmigo, ¡por favor!
Fíjate, ahora que está tan lejos constantemente me
dice mami, tú cuídate, que lo más malo que
a mi me pueda suceder aquí es enterarme que a ti te pase
algo.
"Cuando nos vimos
en Estados Unidos, yo no sé de dónde saqué
fuerzas. Me dijo: Mami, ¡qué bueno!, estoy orgulloso
de ti porque te veo firme en primera fila. Eso lo estimuló,
pues en las condiciones en que está si me ve llorando se
afligiría más. En todas sus cartas se preocupa porque
me cuide, al igual que con su papá cuando estaba vivo."
Tiene fama
de buen pelotero...
(Sonríe)
Cerca de nuestra casa vivían dos maestras ya mayores de edad
y un día una de ellas me expresó: oiga Carmen, en
este reparto como el niño suyo no hay ninguno, pues todos
estaban jugando pelota en la rotonda y al verme me dijeron adiós
maestra, ¿cómo está?, y siguieron jugando;
sin embargo, Gerardito se salió del grupo me cogió
la jaba y me acompañó hasta mi casa. Después
me dice jaraneando: Mami, ¿tú sabes lo que dicen
los chiquillos?, que yo soy malo jugando pelota porque me dedico
a cargar jabas.
"Hace poco Adriana
(esposa de Gerardo) le contó por teléfono que los
periódicos Girón y Juventud Rebelde habían
publicado una entrevista con un amigo de él de la Ciénaga
de Zapata con quien compartió misión internacionalista
en Angola, y no la dejó terminar. Enseguida le respondió
que ese era su hermano Urbano Bouza Suriz, asimismo, con los dos
apellidos y todo, pese a que no se ven desde 1990. Se puso contento
de saber sobre su amigo y de poderse comunicar con él. Creo
que eso da la medida del valor que le brinda a la amistad."
¿Qué
pasaba un día cualquiera aquí en esta casa cuando
estaba Gerardo?
Él dibujaba,
dedicaba mucho tiempo a sus caricaturas en un buró que tiene
en el cuarto. Veía bastante televisión. Por las tardes
practicaba kárate o salía a pasear. Se acostaba tarde
y dormía pocas horas. Le dedicaba mucho tiempo a atender
sus plantas y animales. Lo mismo tenía una jicotea, pájaros,
que un perro.
¿Cómo
aprecia su estado de ánimo en las condiciones tan difíciles
del injusto cautiverio?
Ahora lo vi mejor
que la primera vez que fui a Estados Unidos. Trabaja como operador
de una computadora y lo dejan coger un poco de sol, menos mal, porque
anteriormente estaba blanco, blanco, blanco... Creo que se encuentra
más repuesto.
¿En
qué circunstancias lo vio ahora?
Las visitas son
viernes, sábado y domingo. Llegamos el viernes un poco tarde
y tuvimos que ir a verlo el sábado. Nos encontramos en un
salón grande, donde hay mesas y sillas. Nos sentamos uno
frente al otro. Cuando él entró al salón, vestido
con el uniforme de color beige, me levanté y lo abracé
con todas mis fuerzas. Le tomé sus manos en la mesa, se las
acariciaba con cariño cuando me hicieron señas de
que se las soltara. Conversamos de todo. Preguntó por todo
el mundo.
¿Cuándo
fue la última visita?
El 19 de abril.
Estuvimos diez días por allá. La primera semana lo
vimos una vez y en la siguiente el viernes, sábado y domingo.
En total fueron cinco visitas.
"Es un local más
antiguo que donde estaba anteriormente. Me manifestó que
se siente mejor, que le gusta su trabajo en la computadora y que
se dedica a llevar las estadísticas en una fábrica
de conectores electrónicos."
¿Qué
tiempo dura una visita?
Según
los puntos que acumulan se les dividen las horas para cada día.
La última vez le quedaban tres horas y nos permitieron estar
una hora adicional. También contamos con la opción
de que él puede llamar por teléfono.
Este domingo
millones de cubanos las tendrán a ustedes muy presentes en
sus corazones. ¿Qué recuerda de la última vez
que celebraron juntos el Día de las Madres?
Siempre se preocupaba
por mí. Tanto en mi cumpleaños, como en el Día
de las madres, me traía algún regalo. Muchas veces
lo vi en el trajín de dedicar cantidad de postales de felicitación
por esa fecha. No podría precisar qué sucedió
la última vez, pero normalmente se pasaba ese día
aquí. Felicitaba a las madres del barrio, su suegra y quizás
salía. Claro, lo extrañaré, pero ese día
estará bien presente como siempre en mi corazón."
Si tuviera
una oportunidad real de que la gran prensa norteamericana le publicara
una especie de mensaje a las madres de ese país, ¿qué
les diría?
Primero felicitarlas
por tan bonito día, al igual que a todas las madres cubanas.
Les pediría a ellas que cooperaran en que se actúe
con justeza. Cuando fui a Miami pensaba cómo sería
la reacción de la gente allá al considerarlos a ellos
como espías, y sin embargo, increíblemente, todo el
mundo se solidarizó con nosotros, los miembros de la Brigada
Antonio Maceo nos visitaban en el hotel.
"Tengo que reconocer
que no hubo una sola persona que no se mostrara así con nosotros.
Esa vez le comenté a Gerar: En Cuba todo el mundo está
pendiente de ustedes y les mandan recuerdos, y él me
dijo: mami, no pienses que es allí solo, yo recibí
una postal de San Francisco, California, que trae 40 firmas solidarizándose
con nosotros.
"Y su abogado
comentó que estaba admirado con la actitud de los cinco jóvenes,
porque a pesar de las condiciones que tienen, están ahí
firmes y no se doblegan y hacen caricaturas, poemas y se mantienen
con dignidad."
¿Pese
al dolor, como madre se siente muy orgullosa de su hijo?
¡Como no!
y Fidel al pie de nosotras. Cada vez que nos ve nos da un beso y
nos dice: "¡ellos regresarán!" Todos están
pendientes. Hace poco Melba Hernández me pidió que
le enviara un beso, y me imagino que fue a nombre de todas las madres
cubanas.
Tomado del periódico
Juventud Rebelde
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