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Una
lección para la historia
Por Alfonso de los
Santos Hernández
Como asignatura básica
para limpiar de ignominia a este mundo quedarán los alegatos de
cinco cubanos víctimas del afán de venganza de aquellos que por
más de cuatro décadas no han podido doblegar al pueblo cubano.
Por lo pronto queda
en las tablillas del honor del actual gobierno de Estados Unidos
y de los que están por venir, la entereza que solo asiste a los
patriotas, a quienes nada arredra por salvar a su pueblo.
A los que defendemos
cada palmo del suelo cubano admira sin asombros la conducta valerosa,
el verbo ardoroso, la madurez de las ideas con que nuestros hermanos,
prisioneros del odio, han rebatido las infamias.
Nos ennoblece la verdad
esgrimida desde Céspedes, Maceo, Martí, en sucesión excelente hasta
Fidel, rediviva ahora por cinco jóvenes, cuya hidalguía recorre
el planeta en honra de Cuba y orgullo de la Humanidad.
Progenitoras del
heroísmo
En los albores
de un siglo perspectivamente sombrío, en que el terrorismo semeja
una pandemia, urge a las riendas de la nación más pertrechada del
planeta, que ha sido víctima también de semejante flagelo, limpiar
de esa lacra el apéndice vermicular corroído que tanto le denigra.
De eso se trata, contra
eso actuaron cinco cubanos, cuyos alegatos devienen lección de heroísmo,
avalada por sus progenitoras.
Nunca antes el mundo
fue testigo de tan magnífica comunión de pensamiento y convicciones.
La gran nación del Norte de América, su pueblo, sus hombres y mujeres
dignos son conscientes de la prevención a que estaban dirigidas
las gestiones de Gerardo, Ramón, René, Fernando y Antonio. Reconocen
su inocencia; lo han manifestado en múltiples momentos y diversas
localidades de su país.
Quinteto de gigantes
No hay arrogancias
en los argumentos de los cinco patriotas cubanos. Hay, eso sí, determinación
y conciencia del deber ante las acechanzas del terrorismo instalado
en el sur de la Florida.
Son símbolos de la
entrega a la salvaguarda de su pueblo, no importan sacrificios,
porque la Patria es ara.
Gerardo, Ramón, René,
Fernando y Antonio no imploran clemencia, porque están exentos de
delito. Reclaman la justicia negada.
Solo la verdad y nada
más que la verdad les pone la toga viril de que adolecen fiscales
y jueces inquisidores, aquellos que en causa común con los paladines
del terror y la violencia arrastran el prestigio de su propia Patria.
Urge, pues, a la gran
nación norteamericana salvar su honra, rescatar ese prestigio que
le viene de sus próceres, tal como también reclaman su propio pueblo
y la Humanidad.
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