| "El futuro de nuestro
país tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de ciencia". FIDEL CASTRO,
enero de 1960 |
Dentro del proceso general de formación de la nacionalidad,
la ciencia en Cuba se mostró como un movimiento sólido y ascendente a partir del siglo
XVIII, basado en el mejoramiento económico del país, el avance del pensamiento
antiescolástico y de métodos modernos en la enseñanza general.
En el siglo XVI, específicamente en 1569, existía ya un
hospital en La Habana bajo el nombre de Hospital de San Felipe y Santiago.
La ciudad, fundada en 1519, contaba por entonces, además, con la fortaleza de La
Fuerza, un astillero y un acueducto llamado la Zanja
Real, el primero que tuvo y el único con que contó hasta 1835, activo hasta
finales del siglo XIX.
En 1651, ya Cuba tenía un bachiller en Medicina,
Diego de Hinostrosa. En 1728, al ser fundada la Universidad de La
Habana, comienza el camino cubano en la profundización de las ciencias, a lo
cual contribuirían en gran medida el surgimiento, en 1793, de la Sociedad
Económica de Amigos del País, y la enseñanza de grandes pensadores como Félix
Varela, presbítero que se adentró en los terrenos de la
filosofía y predicaba la introducción de conocimientos actuales y del razonamiento
científico en contraposición a la escolástica reinante, además de ser formador de una
generación de pensadores y preconizar la independencia de su Patria. Autor de uno de los
primeros textos para la enseñanza de la física moderna en las Américas, Varela
sustituyó en sus clases el latín por el castellano y difundió las ideas de Locke,
Condillac, y Newton.
En 1673 se escribe el primer libro científico: Arte
de Navegar, texto de astronomía aplicada. En 1715 La Habana contaba con un
hospital para leprosos, el de San Lázaro. En 1723 se introducía la imprenta y en 1787
era impresa la primera obra científica: Descripción de diferentes piezas de
historia natural, las más del ramo marítimo, de un portugués radicado en la
capital cubana.
1797 marca un hito, es conocido como el año
de la eclosión científica, por la cantidad de impresos científicos que
aparecen en La Habana: Disertación sobre algunas plantas cubanas, Oración inaugural en
elogio de la cirugía, Disertación sobre la fiebre maligna llamada vulgarmente vómito
negro, Discurso sobre las buenas propiedades de la tierra bermeja para el cultivo de la
caña, Memoria sobre el mejor modo de fabricar azúcar... Además, el 8 de julio de ese
año se produce la primera defensa pública de las ideas de Copérnico y también en esos
meses se instala en un ingenio la primera máquina de vapor.
A inicios del siglo XIX, La Habana contaba ya con un
cementerio y un Jardín Botánico, un Museo Anatómico, una revista científica, y
en 1831 es escenificada la primera ascensión en globo de un aeronauta cubano. En 1837 es
inaugurado entre La Habana y el cercano poblado de Bejucal el primer ferrocarril de
Iberoamérica, y en la década del '40 es secularizada la Universidad de La Habana. Por
entonces, ya se realizaban operaciones quirúrgicas (en 1847 es introducido el uso de la
anestesia, cinco meses después de que se usara por primera vez en el mundo en Boston,
EEUU), había alumbrado de gas y existían un instituto de investigaciones químicas y una
carta geo-hidro-topográfica de la isla.
En la segunda mitad del XIX se crea un observatorio
físico-meteórico en la ciudad, se funda la Academia de Ciencias de La Habana, se instala
el primer cable telegráfico submarino, se producen la primera discusión en público de
la teoría darwinista, la creación de la Sociedad Antropológica, la primera
demostración e instalación de un sistema de alumbrado eléctrico público, una polémica
sobre el origen del hombre, la llegada de un sistema telefónico, el primer Congreso
Médico Nacional, y muchos otros sucesos, descubrimientos e investigaciones sobre la
caña, la flora y la fauna y el clima de la isla.
El 18 de febrero de 1881, el sabio Carlos J. Finlay
expone, ante una reunión sanitaria internacional en Washington, sus tesis sobre la
transmisión de la Fiebre Amarilla, en la primera vez que se propuso la existencia de
vectores biológicos de una enfermedad. Finlay identificó al agente transmisor del mal,
que hoy conocemos como Aedes Aegypti, y pasó a la posteridad pese a que un colega
norteamericano quiso arrebatarle la paternidad del descubrimiento.
Otras importantes figuras científicas cubanas fueron Tomás
Romay (1764-1849), notable higienista, antiescolástico e iniciador del
movimiento científico moderno en la isla. Felipe Poey (1799-1891),
fundador de la Sociedad Entomológica de Francia, colega de Cuvier, escritor de tratados
de geografía, mineralogía e historia natural de Cuba, materialista por convicción y
autor de la Ictiología Cubana, que alcanzó fama mundial. Andrés Poey
(1825-1919), fundador del primer observatorio meteorológico cubano, autor de una
Cronología de los Ciclones y Nueva clasificación de las nubes. Alvaro Reynoso
(1829-1888), doctor en ciencias químicas de la Universidad de París, director del
Instituto de Ciencias Químicas de La Habana, gran agrónomo y autor de investigaciones
sobre el café, el tabaco y la caña de azúcar. Joaquín Albarrán
(1860-1912), graduado de médico en La Habana, Madrid y París, cofundador con Guyón de
la urología, grane especialista en la citoscopía. Manuel González Echevarría
(1833-1898), considerado uno de los epilectólogos más notables de su época en todo el
mundo.
Ya en el siglo XX, en su primera mitad, resaltan figuras como
Juan Gutiérrez, eminente epidemiólogo, y Pedro Kourí,
iniciador de la medicina tropical. Sin embargo, en estos años la ciencia se desarrollaba
a pasos aislados y no contaba con un efectivo apoyo gubernamental.
Al triunfo de la Revolución, en 1959, la situación cambió. Se estableció
un programa de desarrollo científico y técnico apoyado en un amplio esfuerzo educativo
que incluyó en 1961 la campaña de alfabetización, lo cual propició que actualmente el
país cuente con más de 400 centros científicos y tenga empleadas en la actividad
investigativa a más de 62 mil personas.
En 1965 surge el Centro Nacional de Investigaciones
Científicas, decano de las actuales instituciones y cantera de un gran caudal de
investigadores. En ese año surge, además, el Servicio Meteorológico Nacional. En la
década de los 60 se crean varios institutos de estudios médicos, el Centro de Sanidad
Animal, los primeros exponentes de la industria electrónica y el Instituto de Física
Nuclear.
En 1980 tuvo lugar el primer vuelo cosmonáutico conjunto
entre Cuba y la URSS. En esa ocasión, el cubano
Arnaldo Tamayo y su colega ruso Yuri Romanenko realizaron investigaciones y experimentos
concebidos por científicos cubanos, quienes además estudiaron la transmisión de
imágenes holográficas entre el cosmos y la Tierra, lo cual sería probado en un viaje
posterior.
En 1994, fue creado el Ministerio de Ciencia, Tecnología y
Medio Ambiente, que agrupó las
actividades de varias instituciones y actualmente rige y coordina el quehacer nacional en
esas esferas.
En la isla existen decenas de reservas de la biosfera, zonas
protegidas y parques naturales, una muy completa legislación ambiental, un avanzado
programa de uso pacífico de la energía nuclear que ha dado notables frutos en ramas como
la medicina, y centros de educación superior que muestran altos resultados científicos
en su integración a instituciones de la rama y también a centros productivos y
comunidades.
Existen, además, prestigiosos centros de investigación como
el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología, Centro de Ingeniería Molecular,
Centro Nacional de Biopreparados, e institutos de restauración neurológica, el Instituto
de Medicina Tropical Pedro Kourí y otros con notables éxitos entre los que destacan la
creación de varias vacunas (como la antimeningocóccica B), la creación de una base
agrícola a partir de la biotecnología, la obtención de medicamentos a
base de las mismas técnicas y el desarrollo y estudio de otros proyectos de importantes
vacunas, como la dirigida contra el SIDA.
Hospitales cubanos han logrado grandes avances en la
cardiología, la neurología, la ortopedia y otras ramas de la medicina...Existe un
movimiento nacional de innovadores y creadores de nuevas tecnologías, la mortalidad
infantil es de aproximadamente siete por cada mil nacidos vivos, la esperanza de vida
supera los 75 años, toda la población tiene cobertura médica gratuita y, dentro de
ella, acceso a los más costosos tratamientos y logros de la cirugía y la asistencia
médica. |