
Crónicas sobre la
historia de la guerrilla que dirigió Ernesto Che Guevara en Bolivia
Por Roberto Varona Fleitas
Capítulo 27: "Como a un hijo"
El intercambio de disparos se hace más fuerte. El
ejército se despliega por ambas orillas del río. Sobre el estruendo del combate, se
escucha una voz salida del matorral:
"¡Cuídate médico, que la cosa está que
jode!".
Ráfagas de ametralladora interfiere y un cuerpo cae en la
tupida vegetación. Dos sombras que se desplazan cubriéndose de los proyectiles enemigos,
se acercan al lugar donde yace el compañero. La retirada comienza. El enemigo ve
frustrada su tentativa de cerco.
Existen sólo dos jornadas señaladas por el Comandante
Ernesto Che Guevara como "Día Negro" en el Diario que llevó durante su
campaña en las montañas bolivianas. La primera fue al reseñar la pérdida de Rolando;
la última, el 26 de junio de 1967, que reflejaba su estado de ánimo ante la muerte del
teniente Carlos Coello, (Tuma).
Aún estaban lejanas las misiones internacionalistas en
África y Sudamérica, cuando el joven cubano le expresó a su esposa, Esmérida Ferrer
Zamora:
"A donde vaya el Che, yo voy. Donde muera el Che,
muero yo".
Sintetizaba así una fidelidad que llegó a ser el sentido
de su vida desde la invasión a occidente en 1958, mucho antes de convertirse en escolta
de quien llegaría a considerar como al padre que no tuvo de niño en su natal Manzanillo.
La seguridad personal del querido jefe sería su principal
tarea en tierras bolivianas, como lo había sido en las selvas de Zaire, durante la
colaboración cubana con el movimiento revolucionario del antiguo Congo Belga.
Desde abril de 1967 los acontecimientos bélicos ocurrían
con rapidez y Tuma quería combatir. Insistía en pedir permiso. Y aquel día de junio Che
lo autorizó, le dijo:
"Bueno, anda y demuestra que de verdad eres
hachero".
Tuma se incorporó a un grupo bajo el mando de Pombo,
que debía relevar a otro comandado por Miguel, en una emboscada organizada a
orillas del río Piraí.
El hoy general de brigada Harry Villegas Tamayo (Pombo),
explicó años más tarde al revolucionario y periodista cubano Alfredo Reyes Trejo que a
Tuma lo hieren mortalmente cuando está gritándole al médico de la columna guerrillera.
"En ese momento le dan un tiro que le perfora el
vientre y le destroza el hígado. El hígado se le sale (...)".
Uno de los combatientes que corrió a socorrerlo,
sobreviviente de aquellos hechos, narró posteriormente:
"Yo soy quien lo cargo (...) Che le tiene puesto el
aparato para darle respiración artificial y le está mirando a los ojos, y de pronto
dice: "Lo hemos perdido, ya no hay nada que hacer.
Pero eso lo dijo con ojos lluviosos, el dominio sobre sí
mismo era casi sobrehumano, algo tremendamente doloroso para todos".
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| Con Pombo y Ricardo en La Paz |
Según narraron testigos de ese momento, lo único
que dijo Carlos Coello a su jefe fue que le quitara el reloj pulsera y se lo entregara a
su hijo, el que nunca llegó a conocer, pues nació cuando Tuma ya se encontraba inmerso
en los preparativos para el asentamiento de la guerrilla en Ñacahuasú.
Después, el Guerrillero Heroico redactó en su Diario:
"Día negro para mí (...) llegó la noticia de dos
heridos: Pombo, en una pierna, y Tuma en el vientre. Los llevamos rápidamente a la casa
para operarlos con lo que hubiera. La herida de Pombo es superficial y sólo traerá
dolores de cabeza su falta de movilidad, la de Tuma le había destrozado el hígado y
producido perforaciones intestinales, murió en la operación (...)".
A las cuatro de la madrugada del 27 de junio enterraron al
compañero. la sepultura fue superficial. La tierra resultó demasiado dura y faltaron
instrumentos adecuados.
Semanas más tarde retornaron por el lugar. Los campesinos
contaron que al amanecer del día de la inhumación de Tuma, unos animales olfatearon el
cadáver y lo desenterraron. Avisado el ejército, llegó una tropa bajo el mando de un
mayor y un capitán.
Todo parece indicar que hubo una fuerte discusión entre
los dos oficiales. El mayor quería sepultar nuevamente los restos y el capitán insistía
en dejarlos para comida de los buitres. Los lugareños aseguraron que venció la orden del
mayor, quien dijo que "el muerto era un hombre valiente que se había enfrentado
por ideal a un enemigo superior en fuerzas".
Les narraron los campesinos que el militar ordenó se le
hiciera una fosa profunda y que le pusieran una cruz.
Y quedó en la inmortalidad lo subrayado por Che en su
Diario al plasmar los dolorosos acontecimientos:
"(...) con él se me fue un compañero inseparable
de todos los últimos años, de una fidelidad a toda prueba y cuya ausencia siento desde
ahora casi como la de un hijo".
Capítulos anteriores
Capítulo 26: "Paulino jamás traicionó"
Capítulo 25: "La paz de Muyupampa"
Capítulo 24: "Novedades de la CIA contra el Che"
Capítulo 23: "Se extiende el apoyo popular"
Capítulo 22: "Cobre ensangrentado"
Capítulo 21: "El impacto de la guerrilla"
Capítulo 20: "Crisis en el ejército boliviano"
Capítulo 19: "Impacto en el ejército"
Capítulo 18: "Nuevos enfrentamientos"
Capítulo 17: "¡Cumplir y morir con la sencillez de los
héroes!"
Capítulo 16: "¡Antes fusilado!"
Capítulo 15: "Un hombre excepcional" |