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Che en Bolivia

Che en Bolivia

Crónicas sobre la historia de la guerrilla que dirigió Ernesto Che Guevara en Bolivia

Por Roberto Varona Fleitas

 

 

 

Capítulo 20: "Crisis en el ejército boliviano"


Che de dentista en BoliviaUno de los factores que valoró el Guerrillero Heroico para decidirse por Bolivia como el lugar más adecuado para reiniciar la lucha armada revolucionaria en Sudamérica fue la situación interna del ejército de aquel país. Los hechos posteriores dieron, una vez más, la razón al jefe internacionalista.

En la obra "La CIA contra el Che", Adys Cupull y Froilán González subrayan la situación de la tropa subordinada a la Cuarta División del ejército, asentada en la ciudad de Camiri:

"Cuando los soldados llegaban a Camiri no encontraban barracas, dormitorios, ni locales apropiados para guardar sus pertenencias; al regresar por alguna causa, casi todo había desaparecido (...) El promedio de bajas por enfermedades crecía mes tras mes. Sólo existían tres sanitarios para toda la tropa (...) Las deserciones, abandono de las misiones y los amotinamientos alcanzaban niveles peligrosos (...)."

Por otra parte, las acciones victoriosas de la guerrilla impactaban en la mente de los soldados. Sobre sus mentes influían las narraciones de los que caían prisioneros de los guerrilleros.

Esos rumores elevaban a mil el número de guerrilleros del Ejército de Liberación Nacional de Bolivia. Entre los soldaditos se decía que los revolucionarios tenían "armas modernas, aviones que acuatizaban en los ríos" y que eran valientes, corajudos y bien organizados, acrecentando el sentimiento de derrota entre quienes se veían obligados a combatir sin ningún sentido moral o ideológico.

El boliviano Diego Martínez Estévez, autor del libro "Ñancahuazú. Apuntes para la historia militar de Bolivia", divulgó en esa obra una profusión de ejemplos que demuestran aquel panorama, así como la desmoralización del cuerpo de oficiales y jefes militares.

Subraya Martínez Estévez que los cuadros de las unidades en operaciones negaban los pases reglamentarios a sus subordinados, les quemaban las cartas y se apropiaban de los objetos de valor, que llegaban en los paquetes que los familiares enviaban a los soldados.

El libro de Martínez Estévez recoge el amotinamiento de la tropa en varias unidades como el regimiento "Bolívar", donde desertaron casi todos los soldados. Estos retornaron a sus puestos bajo amenaza de muerte y se sublevaron contra sus jefes, a los cuales intentaron linchar.

A mediados de 1967, un artículo publicado en el periódico "El Pueblo", de la capital boliviana, aceptaba que: "Los jóvenes conscriptos desconfían de sus conductores (...) La moral combatiente no tiene acicate patriótico." En otro párrafo, se expresa textualmente: "Los guerrilleros (...) han llegado incluso a utilizar sus propias medicinas y alimentos para auxiliar a la gente del campo que vive en la miseria (...)."

Sobre el tema, el revolucionario Guido Inti Peredo Leigue narra en su libro "Mi campaña junto al Che" detalles de las conversaciones que los revolucionarios sostuvieron con los soldados hechos prisioneros el 23 de marzo de 1967:

"También curamos a los heridos y les explicamos a los soldados los objetivos de nuestra lucha. Ellos nos contestaron que no sabían por qué los habían mandado a combatir, que estaban de acuerdo con lo que nosotros decíamos y nos reiteraban la petición de fusilar al mayor Plata, oficial que tenía una actitud déspota en la unidad (...)."

Che con dos niños en BoliviaMientras, se sucedían los escándalos en la cúpula militar. Las contradicciones entre los generales Barrientos, a la sazón presidente del país, y Ogando, el jefe de las Fuerzas Armadas, influyeron también en toda la vida del país. En ello también estuvo, como una constante, la mano de la CIA. Esas reyertas terminaron con el asesinato de Barrientos.

Quizás una acertada imagen de lo que ocurrió en Bolivia a mediados de 1967, la reflejó un corresponsal de guerra del semanario argentino "Siete Días":

 "Por la madrugada volví a Camiri en un jeep. Delante, dos agentes de la DIC. Atrás, junto a mí, dos cadáveres. Recostados, dos heridos lloraban. Avanzábamos bajo la amenaza de la guerrilla (...)

"Al regreso, en Camiri, en La Paz, letreros con tiza en las paredes eran ecos de la guerrilla. Decían: huelga de mineros, de estudiantes, de maestros (...)."


Capítulos anteriores


Capítulo 19: "Impacto en el ejército"

Capítulo 18: "Nuevos enfrentamientos"

Capítulo 17: "¡Cumplir y morir con la sencillez de los héroes!"

Capítulo 16: "¡Antes fusilado!"

Capítulo 15: "Un hombre excepcional"

Capítulo 14: El Loro, decisión y entereza

Capítulo 13: "La separación"

Capítulo 12: "La primera sangre fue cubana"


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