
Crónicas sobre la
historia de la guerrilla que dirigió Ernesto Che Guevara en Bolivia
Por Roberto Varona Fleitas
Capítulo 15: "Un hombre excepcional"
Existen
héroes que, aún compartiendo el sitial de la gloria con sus similares, descuellan con la
intensa brillantez de un astro joven. Son, sencillamente, excepcionales, y a esa
categoría de la inmortalidad pertenece el Capitán Eliseo Reyes Rodríguez.
Si en Che confluyen todas las virtudes humanas, Eliseo es
el más sobresaliente seguidor de las enseñanzas y ejemplos del Guerrillero Heroico.
Lo demostró desde el momento en que se convirtió en el
combatiente rebelde más joven de los subordinados al Che en la Sierra Maestra, y lo
ratificó el día en que, inscrito ya en las páginas de la historia cubana como el
legendario Capitán San Luis, dijo a dos de sus compañeros:
"Bueno muchachos, me voy. Voy a cumplir una
misión revolucionaria fuera de Cuba. Ustedes saben que eso es lo que yo anhelaba (...)
que ese es mi mayor sueño."
Nacía el "Rolando" de la futura gesta
boliviana, aunque faltaban largos meses de entrenamiento primero, y luego, la vinculación
directa en la lucha armada contra el imperialismo en el corazón de Sudamérica.
Su reencuentro con el Comandante Ernesto Che Guevara se
produce el 20 de noviembre de 1966. En diciembre de ese año, asume las responsabilidades
de comisario político del núcleo guerrillero. Uno de los supervivientes de aquellos
acontecimientos, afirmó:
"Por sus altos méritos y su clara capacidad para esta
tarea, había devenido en político del grupo, era quien cuidaba de cada compañero con
una solicitud extrema (...)."
Su pequeña y menuda figura se multiplicada ante cada
tarea. Una anécdota de Leonardo Tamayo (Urbano), confirma esa faceta:
"...El Che recibió un mensaje de Pinares que
decía que el ejército avanzaba hacia el campamento central (...) me planteó que hiciera
una balsa y me lanzara a cruzar el río, que continuaba muy crecido, y me adelantara con
un mensaje para Pinares. San Luís, con ese espíritu combativo (...) esa disposición de
hombre incansable y siempre dispuesto a los mayores sacrificios, le pide al Che que lo
deje a él cumplir la misión porque, le dijo, sabía nadar mejor que yo. Efectivamente,
San Luís era un peje en el agua y el Che lo utilizó."
Rolando recibió de Che la orden de organizar la
mayoría de las emboscadas desde el inicio de la guerra en Bolivia. Esas acciones le
infligieron al enemigo 18 muertos, más de 10 heridos y 44 prisioneros, entre ellos dos
mayores, un capitán, dos tenientes y varios suboficiales.
Su muerte ocurrió el 25 de abril, cerca de una de las
orillas del Ñacahuasú, durante la marcha de la columna hacia Muyupampa. Che anotaría en
su Diario:
"Día negro.
"...al producirse un alto mandé a Urbano para que
ordenara la retirada, pero vino con la noticia de que Rolando estaba herido, lo trajeron
al poco rato ya exangüe y murió cuando se empezaba a pasarle plasma. Un balazo le había
partido el fémur y todo el paquete vasculonervioso, se fue en sangre antes de poder
actuar."
Uno de los testigos presenciales de aquel momento terrible,
narró años después que al llegar Rolando hasta Che, el jefe internacionalista,
desesperado, corre hacia él y trata en vano de detener la hemorragia, pero el guerrillero
fallece.
Un testigo presencial, narró posteriormente: "Y
allí se para Che, y lleno de dolor afirma: "hemos perdido a uno de los más
valientes y a uno de los más queridos de nuestros compañeros...". Y vemos como si
quisiera seguir hablando, pero ya no tuviera palabras (...) y cuando abrimos una sepultura
y ponemos a San Luís, Che se viró de espaldas (...) y le vimos sacar el pañuelo sin
darnos el frente. Luego, como siempre, se dominó y dice: ¡Haber, carijo, a su lugar!.
¡No nos van a matar aquí a todos!."
El Guerrillero Heroico subrayó en el Diario que había
perdido al mejor hombre de la guerrilla, a uno de sus pilares, y a renglón seguido
afirmó: "...de su muerte oscura sólo cabe decir, para un hipotético futuro que
pudiera cristalizar: "tu cadáver pequeño de capitán valiente ha extendido en lo
inmenso su metálica forma."
Al caer la noche, el cerco se había completado una vez
más, obligando a los revolucionarios a romperlo por la montaña, con el doble interés de
no alejarse de la zona donde había quedado el grupo de Joaquín, del cual no
tenían noticias.
Capítulos anteriores
Capítulo 14: El Loro, decisión y entereza
Capítulo 13: "La separación"
Capítulo
12: "La primera sangre fue cubana"
Capítulo 11: "Germina la semilla de la aurora"
Capítulo 10: "El combate de Quebrada del
Ñacahuasú"
Capítulo 9: "Victoria sobre el silencio"
Capítulo 8
-"Comienza la guerra"
Capítulo 7
-"Benjamín, el bautismo de muerte" |