
El fin no justifica
los medios
La
Habana, septiembre 2.- Las
noticias directas procedentes de Estados Unidos en ocasiones producen
indignación y a veces repugnancia.
Desde
luego que en los últimos tiempos gran número de ellas
se referían a los problemas asociados a la grave crisis económica
internacional y sus consecuencias en el seno del imperio. No son,
por supuesto, las únicas referentes a ese poderoso país.
Cualquier página del grueso volumen de noticias procedentes
de un continente, región o país del mundo, por lo
general está relacionada con la política de Estados
Unidos. No hay punto del planeta donde no se experimente la avasalladora
presencia del imperio.
Como
es lógico, durante casi diez años las noticias sobre
sus brutales guerras ocuparon importantes espacios de la prensa
y más aún cuando estaba de por medio una elección
presidencial.
Nadie
sin embargo había imaginado que en medio del drama de las
guerras de conquista aparecieran las noticias sobre cárceles
secretas y centros de tortura, un bochornoso y bien guardado secreto
del Gobierno de Estados Unidos.
El
autor de la grotesca política que condujo a ese punto había
usurpado la presidencia de Estados Unidos en las elecciones de noviembre
del 2000, mediante fraude electoral en el estado sureño de
la Florida donde se decidió la contienda.
Después
de usurpar el poder, W. Bush no solo arrastró al país
a una política de guerra, sino que dejó de suscribir
el Protocolo de Kyoto, negando al mundo durante 10 años,
en la lucha por el medio ambiente, el apoyo de la nación
que consume el 25 por ciento del combustible fósil, lo que
puede ocasionar a la especie humana un daño irreparable.
Ya el cambio climático está presente en el incremento
mundial del calor, que los pilotos de aviones ejecutivos pueden
observar a través de los tornados de creciente fuerza que
se forman desde las primeras horas de la tarde en sus rutas tropicales
y pueden ser motivo de peligro para sus modernos Jets. Están
todavía por conocerse las causas del accidente del avión
de Air France que se desintegró en pleno vuelo.
Nada
sería comparable con las consecuencias del descongelamiento
de la enorme masa de agua acumulada sobre el continente antártico,
sumada a la que se derrite sobre Groenlandia. Mi punto de vista
acerca de la responsabilidad que cae sobre Bush, lo sostuve en reciente
encuentro con el cineasta norteamericano Oliver Stone al comentarle
su filme: "W", referido al penúltimo Presidente
de Estados Unidos.
Me
limito a señalar que después de los errores y horrores
políticos de George W. Bush, el ex vicepresidente Cheney,
que fue su consejero, enarbola la idea de que las torturas ordenadas
a la CIA para obtener información estaban justificadas por
cuanto salvaron vidas norteamericanas gracias a la información
obtenida por esa vía.
Desde
luego que no salvó las vidas de los miles de norteamericanos
que murieron en Iraq, ni las de casi un millón de iraquíes,
ni los que en número creciente mueren en Afganistán.
Tampoco se sabe cuáles serán las consecuencias del
odio acumulado por los genocidios que se están cometiendo
o pueden cometerse por esas vías.
Se
trata, entiéndase bien, de un problema elemental de ética
política: "el fin no justifica los medios". La
tortura no justifica la tortura; el crimen no justifica el crimen.
Tal
principio se debatió y se sostuvo durante siglos. En virtud
de él la humanidad ha condenado todas las guerras de conquista
y todos los crímenes cometidos. Es de suma gravedad que el
más poderoso imperio y la más colosal superpotencia
que haya existido nunca proclame tal política. Más
preocupante aún no es solo que el ex vicepresidente y principal
inspirador de tan pérfida política la proclame abiertamente,
sino que un elevado número de ciudadanos de ese país,
tal vez más de la mitad, la apoye. En ese caso, sería
una prueba del abismo moral al que puede conducir el capitalismo
desarrollado, el consumismo y el imperialismo. De ser así,
debe proclamarse abiertamente y pedir opinión al resto del
mundo.
Pienso,
sin embargo, que los ciudadanos más conscientes de Estados
Unidos serán capaces de librar y ganar esa batalla moral
a medida que comprendan la dolorosa realidad. Ninguna persona honesta
en el mundo desea para ellos, o cualquier otro país, la muerte
de personas inocentes, víctimas de cualquier forma de terror,
venga de donde venga.

Fidel
Castro Ruz
Septiembre 2 de 2009
7 y 34 p.m.
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