
La doble traición
de la Philips
La
Habana, septiembre 6.- Estados
Unidos es el mayor propietario de patentes en el mundo. Ha robado
cerebros de todos los países, desarrollados o en desarrollo,
que realizan investigaciones en numerosas esferas, desde la producción
de armas de exterminio masivo hasta las de medicamentos y equipos
médicos. Por ello el bloqueo económico y tecnológico
no es algo que sirva solo de pretexto para culpar al imperio por
las dificultades propias.
La
salud pública es uno de los campos en que nuestro país
avanzó más, a pesar de que Estados Unidos sustrajo
casi el 50 por ciento de los médicos graduados en la única
universidad de Cuba, que ascendían a más de 5 000,
muchos de los cuales carecían de empleo.
En
esa área se escribió una de las más hermosas
páginas de cooperación internacional de la Revolución
Cubana, iniciada con el grupo de médicos que se envió
a la recién independizada Argelia, hace casi medio siglo.
Aquella política no cesó, y en ese campo tan humano
nuestro país goza de reconocimiento universal.
Nadie
suponga que fue tarea fácil. Estados Unidos hizo lo posible
por evitarlo. Durante el tiempo transcurrido realizó el máximo
esfuerzo por sabotearla. Aplicó contra Cuba todas las variantes
posibles de su criminal bloqueo económico que, más
adelante, en virtud de la Ley Helms Burton, adquirió carácter
extraterritorial durante la administración de Bill Clinton.
Cuando
el campo socialista se derrumbó, y meses después su
principal baluarte, la Unión Soviética, se desintegra,
Cuba decidió seguir luchando. Ya entonces nuestro pueblo
había adquirido un alto nivel de conciencia y cultura política.
En
1992, Hugo Chávez dirige el levantamiento militar contra
el gobierno oligárquico burgués del pacto de Punto
Fijo, que durante más de tres décadas había
saqueado a la patria de Bolívar. Sufre prisión como
nosotros. Visita a Cuba en 1994 y años después, con
pleno apoyo de su pueblo, alcanza la presidencia e inicia la Revolución
Bolivariana.
El
pueblo de Venezuela, igual que el de Cuba, tuvo que enfrentar pronto
la hostilidad de Estados Unidos, que programó el golpe de
Estado fascista del 2002, derrotado por el pueblo y los militares
revolucionarios. Meses después sobrevino el golpe petrolero,
que fue el momento más difícil, en el cual brillaron
de nuevo el líder, el pueblo y los militares venezolanos.
Chávez y Venezuela nos brindaron toda la solidaridad en pleno
Período Especial, y nosotros les brindamos la nuestra.
Ya
entonces nuestro país contaba con no menos de 60 mil médicos
especializados, más de 150 mil maestros experimentados y
un pueblo que había escrito brillantes páginas internacionalistas.
Después del golpe petrolero comenzó el río
de nuestros colaboradores para los programas de educación
y salud, y cooperaron con la Revolución Bolivariana en uno
de los más profundos y rápidos programas sociales
que se haya llevado a cabo en algún país del Tercer
Mundo.
Cito
estos antecedentes porque son indispensables para enjuiciar la perfidia
del imperialismo, y comprender el tema que abordo hoy: la claudicación
y la traición a Cuba y Venezuela de quien fuera una conocida
y relativamente prestigiosa multinacional europea: la transnacional
holandesa Philips, especializada en la fabricación de equipos
médicos.
Sobre
el tema escribí una Reflexión hace dos años,
el 14 de julio de 2007, pero no quise mencionar su nombre. Tenía
todavía esperanza de que rectificara.
Habíamos
cooperado con el pueblo de Venezuela para crear uno de los mejores
sistemas de salud. Allí han prestado sus servicios decenas
de miles de médicos especializados y otros profesionales
cubanos de la salud. El presidente Hugo Chávez, satisfecho
con el trabajo de los primeros contingentes que viajaron a Venezuela
para laborar en Barrio Adentro —un programa destinado a llevar
los servicios de salud a las zonas urbanas y agrícolas más
pobres del país—, en una de sus visitas a Cuba nos
solicitó la creación de un programa que pudiera beneficiar
a todos los sectores de la población venezolana de clase
pobre, media o rica. Surgieron así los Centros Diagnósticos
de Alta Tecnología; estos complementarían la tarea
de los 600 Centros de Diagnóstico Integral que, como policlínicos
de amplios servicios, con sus laboratorios y equipos, apoyarían
a los consultorios de Barrio Adentro. Un número elevado de
centros de rehabilitación asumirían la humana tarea
de enfrentar cualquier tipo de incapacidad física o motora.
En
virtud de esa solicitud del Presidente, adquirimos los equipos pertinentes
para 27 Centros Diagnósticos de Alta Tecnología, distribuidos
en los 24 Estados venezolanos, tres de los cuales por su elevada
población llevan dos de ellos.
Es
norma nuestra contratar siempre el equipamiento médico con
las firmas más prestigiosas y avanzadas a nivel mundial.
Procuramos incluso que en los suministros de los equipos más
complejos participen por lo menos dos de las firmas más especializadas.
De
este modo, los equipos más sofisticados y costosos de imagenología,
como el Tomógrafo Computarizado Multicorte, la Resonancia
Nuclear Magnética, el Ultrasonido Diagnóstico y otros
similares fueron adquiridos a la firma alemana Siemens y a la holandesa
Philips. Ninguna de las dos produce desde luego todos los equipos,
pero sí algunos de los más complejos y sofisticados.
Ambas debían competir en calidad y precio. Adquirimos medios
diagnóstico de las dos firmas para Venezuela y para Cuba,
donde desarrollábamos un plan similar de servicios médicos,
que en los años de pleno Período Especial había
recibido muy pocos recursos.
En
más de 10 especialidades diferentes adquirimos equipos de
ambas firmas para los servicios de los dos países. No señalaré
los de la firma alemana Siemens, que cumplió sus compromisos.
Me limitaré a Philips; esta suministró equipos para
12 especialidades en las que compartió con la otra firma
los más importantes y costosos: 15 Tomógrafos de 40
cortes, 28 de Resonancia Magnética Nuclear de 0,23 tesla,
8 Mesas Telecomando para Urología, 37 Ultrasonidos Diagnósticos
3D, 2 Angiógrafos de Neurología, 2 Angiógrafos
de Cardiología, 2 Polígrafos, 1 Cámara Gamma
de doble cabezal, 3 Cámaras Gamma de simple cabezal, 250
Rayos X móviles, 1 200 Monitores no invasivos y 2 000 Monitores
Desfibriladores.
En
total 3 553 equipos con un valor de 72 millones 762 mil 694 dólares.
Personalmente
participé en las negociaciones de estas compras con las dos
firmas.
Los
precios discutidos equipo por equipo implicaban importantes reducciones
de precio, puesto que se compraban al contado y en cantidades elevadas,
uniendo los destinados a Cuba y Venezuela. De otra forma no podrían
adquirirse con la urgencia que se requerían, especialmente
en ese país, dadas las necesidades acumuladas en los sectores
más pobres de su población total, que rebasaba ya
los 27 millones de personas.
Estaban
destinados los más complejos a los Centros de Alta Tecnología,
los menos complejos y abundantes a los Centros Diagnósticos
de Barrio Adentro, aunque no eran los únicos a utilizar en
esos centros. Casi todos se adquirieron a principios del 2006.
Enfermé
gravemente a fines de julio de ese año. La Philips suministró
piezas hasta fines del 2006. En el 2007 se detuvo totalmente: ni
una sola fue suministrada.
En
el mes de marzo de ese año se envió una representación
cubana a Brasil, donde estaba la sede de la oficina principal de
la firma Philips para América Latina que negoció con
Cuba. Comenzaron a explicar sus dificultades. El gobierno de Bush
les había exigido la información pormenorizada de
los equipos suministrados a Cuba por la firma, alegando que algunos
de ellos contenían programas y en ocasiones componentes de
patente yanki, y la Philips había entregado la información
solicitada acerca de los adquiridos a esa firma para Cuba y Venezuela.
Nunca había surgido con ella el menor problema.
El
jefe de la Philips en Brasil le dijo textualmente a la representación
cubana: "Hay una intransigencia brutal del Gobierno de Estados
Unidos en relación a las regulaciones de equipos y las solicitudes
de permisos con respecto a Cuba."
"Yo
sé que el problema afecta el plan del Comandante. Nuestra
organización está afectada y amenazada. Todas nuestras
organizaciones tienen mucho miedo". De inmediato repite: "tienen
mucho miedo".
Añadieron
finalmente que ellos querían cooperar y buscarían
fórmulas.
A
mediados de julio de 2007, en una llamada Conferencia de la Casa
Blanca sobre las Américas, Bush, la Secretaria de Estado
y otros líderes del Gobierno de Estados Unidos "hablaron
hasta por los codos", según anunciaba la AP, sobre educación
y salud. Parecía irreal. Prometían repartir salud
por América Latina.
Pusieron
énfasis en el Confort, un viejo portaaviones convertido,
según él, en "el mayor barco hospital del mundo",
que visitaría por 10 días cada país de este
hemisferio al Sur de Estados Unidos. Ese era su programa de salud.
Lo que no dijo es que estaba saboteando en Venezuela el programa
de salud más serio que se había propuesto nunca en
un país del Tercer Mundo.
A
pesar de la coincidencia en fecha no quise abordar directamente
en ese momento el problema de la Philips. Esta había prometido
en marzo resolver el problema. Tenía todavía esperanza
de que rectificara.
Me
limité a escribir en esa misma Reflexión: "El
problema es que Estados Unidos no puede hacer lo que hace Cuba.
En cambio, presiona brutalmente a firmas productoras de excelentes
equipos médicos suministrados a nuestro país, para
impedir que repongan determinados programas computarizados o alguna
pieza de repuesto que tienen patentes de Estados Unidos. Puedo citar
casos concretos y el nombre de las firmas. Es repugnante... "
A
pesar de la solemne promesa de la Philips a Cuba, transcurrió
el resto del año 2007, los 12 meses del 2008 y casi la mitad
del 2009 sin que una sola pieza de los equipos llegara de esa firma.
En
junio de 2009, después de pagar una multa de 100 mil euros
al Gobierno de Barack Obama, no muy apartado de las normas de su
ilustre predecesor, la Philips se dignó comunicar que pronto
suministrarían las piezas de sus equipos a Cuba.
Nadie
en cambio ha resarcido a los cubanos, ni a los pacientes venezolanos
de nuestros médicos de Barrio Adentro y de los que acuden
a los Centros Diagnósticos de Alta Tecnología, por
el daño humano ocasionado.
Como
es lógico, no hemos adquirido un solo equipo más de
la Philips desde la última compra a principios de 2006.
Por
otro lado, hemos cooperado con Venezuela en la compra de cientos
de millones de dólares de equipos médicos para su
red nacional de salud, en un variado surtido de equipos sofisticados
de alta tecnología procedentes de otras firmas europeas con
prestigio, y también japonesas. Deseaba creer que esa firma
haría un esfuerzo por cumplir.
Venezuela
posee así en su red hospitalaria estatal modernísimos
equipos; las más ricas clínicas privadas solo podrían
adquirir algunos de ellos. Todo lo demás dependerá
ahora de la eficiencia que el país pueda alcanzar en sus
servicios. El Presidente de Venezuela está seriamente interesado
en lograr ese objetivo. Estimo que haría muy bien si mitiga
el hábito venezolano de adquirir equipos médicos norteamericanos,
no por su calidad, que es buena, aunque con normas menos exigentes
que las de Europa, sino por la entraña de la política
de ese país, capaz de bloquear el suministro de piezas como
hizo con Cuba.
Desde
luego que a los Centros de Diagnóstico de Venezuela, los
de Alta Tecnología y otros atendidos por nuestros médicos,
hemos enviado equipos de marcas reconocidas en el mundo como las
mejores en su especialidad como Siemens, Carl Zeiss, Drager, SMS,
Schwind, Topcon, Nihon Kohden, Olympus y otras de Europa y Japón,
algunas de las cuales se fundaron hace más de 100 años.
Ahora
que la Patria de Bolívar, a la que Martí pidió
servir, está más amenazada que nunca por el imperialismo,
la organización, el trabajo y la eficiencia de nuestro esfuerzo
deben ser mayores que nunca, y no solo en el sector de la salud,
sino también en todos los campos de nuestra cooperación.

Fidel
Castro Ruz
Septiembre 6 de 2009
7 y 17 p.m.
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