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Lo que jamás
podrá olvidarse (Segunda parte)
La
Habana, septiembre 26.- Cmdte.- ¿Su
padre a qué edad murió?
Junko
Watanabe.- Tiene 98 años, está vivo.
Me
gustaría prometerles a ustedes, con el motivo de trasmitirles
el sentimiento de mi hermano, quien ya murió, y para trasmitirles
el mensaje que tienen todos los sobrevivientes, y para que la nueva
generación trasmita a la generación siguiente nuestro
testimonio, yo voy a seguir dando testimonios. Muchísimas
gracias (Aplausos).
Cmdte.-
Yo le ruego que me excusen si le hago algunas preguntas, porque
es que tenemos interés en que se conozca todo lo que ella
está narrando; y, desde luego, si no tiene objeción,
nosotros retransmitiremos este encuentro a través de la televisión
nacional (Aplausos). Tenemos mucho interés en que nuestra
opinión pública conozca todo esto, no solo trasmitirlo
aquí, trasmitirlo en otros países, hacerles llegar
noticias del encuentro. Es de suma importancia que se conozca todo
lo que allí ocurrió, independientemente de lo que
se haya publicado, filmado, y todas las cosas nuevas que van apareciendo.
Yo
le explicaré luego por qué hago algunas preguntas
aparte de esas.
Ella
contaba que estaba en una casa próxima, que estaba en el
patio con el hermano, cuando se produce la explosión y una
nube de polvo. Ella conoce, por otros que estaban conscientes en
ese momento, qué tiempo tardó en llegar ese polvo
sobre las personas que estaban allí.
Junko
Watanabe.- Cerca de 30 minutos, pero es que no llovió en
todas partes, sino hacia donde el viento arrastró la lluvia.
Cmdte.-
La lluvia. Pero hubo lluvia y hubo unas cenizas.
Junko
Watanabe.- Realmente la lluvia de cenizas no existió, sino
ese polvo ligado con la lluvia fue lo que llegó hasta donde
estaban ellos; no fue separado, fue algo solo, único, ligado
con toda la suciedad y con todas las cosas que arrastró con
él.
Cmdte.-
¿Y no había techo donde ella estaba, estaba en un
patio?
Junko
Watanabe.- Nosotros estábamos a 18 kilómetros del
lugar donde cayó la bomba.
Cmdte.-
¡Dieciocho kilómetros!
Intérprete.-
Dieciocho kilómetros.
Cmdte.-
Eso le iba a preguntar, porque hay un puente, creo, que señalan
como el punto, el blanco donde se lanzó la bomba. ¿Fue
a 18 kilómetros?
¿Tus
padres estaban bajo techo?
Junko
Watanabe.- Mi mamá estaba con mi hermano menor cargado en
la parte de afuera de la casa, y mi papá estaba en Hiroshima,
que había trabajado y de noche se dirigía hacia la
casa; pero, bueno, él lo recibió estando dentro de
un edificio. Incluso, él vio el avión que daba vueltas
por encima de Hiroshima.
Cmdte.-
Antes de disparar. Correcto.
¿Y
la madre resultó también quemada?
Junko
Watanabe.- No. Realmente, donde estábamos nosotros, a 18
kilómetros del lugar, lo que recibimos fue toda esta cantidad
de papeles quemados, esa ola, ese viento que llegó hasta
nosotros; pero quemarse como tal, eso no lo tuvimos.
Si
hubiésemos estado un poquito más cerca, o sea, cerca
del epicentro, no creo que estuviésemos hoy aquí haciendo
el cuento.
Cmdte.-
Correcto.
Yo
quería contarles que recientemente tuvimos la visita de un
investigador muy prestigioso, que es profesor emérito de
la Universidad de Rutgers, New Jersey, y es el autor de la teoría
del invierno nuclear. Esto, a nuestro juicio, es de suma importancia,
porque se relaciona con los peligros actuales que está enfrentando
la humanidad, y hay muchas cosas que se desconocen.
Este
profesor visitó nuestro país y en una reunión
de científicos hizo una exposición excelente de su
teoría, una teoría con mucho prestigio; es a mi juicio
irrebatible, y está relacionada con las consecuencias de
una guerra nuclear. No se refiere, propiamente, a la destrucción
que ocasiona -la cual sería enorme-, sino que analiza
el peligro que significaría para la humanidad una guerra
nuclear regional, ni siquiera una guerra global.
Parte
del hecho actual, muy diferente del momento aquel en que se lanza
la primera bomba nuclear. Toma en cuenta la situación, en
este momento, en que existen 25 000 armas nucleares en el mundo.
Imagino que muchos de ustedes conocen esos datos. El científico
afirma que bastarían 100 explosiones nucleares y se produciría
lo que él califica de invierno nuclear.
Fundamenta
su teoría en una serie de investigaciones que han realizado
científicos norteamericanos y científicos soviéticos
antes de la desaparición de la URSS, sobre los efectos que
produciría un número de armas nucleares que estallaran
en una guerra. Ellos calcularon que unas 100 explosiones nucleares
serían suficientes para liquidar la vida humana en el planeta,
de modo que una guerra, por ejemplo, entre la India y Paquistán,
con el número de armas que posee cada uno de ellos, sería
suficiente para poner fin a nuestra especie.
A
mí me parece que, aunque tal vez ustedes tengan suficientes
noticias, nosotros podemos facilitarles una copia de la conferencia
de Alan Robock -es el nombre del profesor que la impartió
aquí hace muy poco, fue en este mismo mes-, que contiene
datos de gran valor, los cuales les servirían a ustedes para
la divulgación de las consecuencias, no solo por el daño
que ocasionaría; por supuesto, las armas actuales son mucho
más poderosas, mucho más precisas, mucho más
rápidas. El poder de las armas existentes equivale a cuatrocientas
cuarenta mil veces la potencia de cualquiera de las dos bombas que
lanzaron en Japón sobre Hiroshima o Nagasaki; probaron las
dos, una a partir del uranio y otra a partir del plutonio. Ya todas
esas tecnologías se dominan y las armas se usan con precisión
total.
Los
acuerdos que se han tomado entre las grandes potencias prácticamente
carecen de valor, porque no se traducen en una real reducción
de las armas.
A
mí se me ocurre que si la organización de ustedes
hace contacto con él, que es un hombre muy generoso, él
podría ofrecerles una conferencia sobre este problema.
Yo
le preguntaba sobre la neblina, porque él explica y demuestra
que, como consecuencia de las explosiones nucleares, todo arde,
la madera; todo lo que procede del petróleo, y otras muchas
cosas, como él explicaba, arden y, mezcladas con la tierra,
producen grandes concentraciones de polvo. Lo tiene todo estudiado:
qué ocurriría si fueran dos o si fueran 10, si fueran
100, y tiene un límite. Esa nube de polvo se extendería
por todo el mundo en un período de tiempo, creo que no mayor
de tres semanas, y la temperatura bajaría por debajo del
punto de congelación. Bueno, implica, por ejemplo, una noche
de meses, que no permite el cruce de la luz solar. Desaparece la
producción de alimentos y las consecuencias son horribles;
más de 6 000 millones de personas se quedarían sin
alimentos, además del frío.
Yo
le hice una pregunta cuando él terminó la exposición
de una hora, con mapas, con gráficos; han estudiado todos
los efectos de las erupciones de los volcanes; han estudiado cómo
se extiende el polvo cada vez que ocurre una. Incluso, uno reciente
en Islandia, en Europa, creó problemas muy serios. Han estudiado
igualmente los grandes incendios que han ocurrido de manera natural,
o como consecuencia de guerra o accidente. Yo le pregunto: “¿Cuántas
personas en el mundo conocen esa información que usted está
brindando?” Dice: “Casi nadie.” Le digo: “Y
en su propio país, ¿cuántas personas lo conocen?”
Me dijo: “Muy pocas.” Digo: “¿Y cómo
puede explicarse ese fenómeno?” Le añadí,
además: “A lo mejor hay que estudiarlo, buscar especialistas
en psicología y en otras ramas para encontrarle una explicación
a ese fenómeno”, y él me dijo entonces: “Tengo
una respuesta: eso se llama estado de negación.” Él
razonaba que cuando podían ocurrir cosas horribles, la gente
rechazaba la idea de creerlas posibles.
A
esa explicación que él da se le pudiera sumar otra,
que está relacionada con los medios de información,
el monopolio de los medios de información. Las cosas que
suceden en el mundo, a pesar de los medios modernos que existen,
radio, televisión, las filmaciones son manejadas de la forma
que las noticias se suceden, pero no se explican, y realmente muchas
de las más importantes que existen en el mundo no se conocen,
o se dan noticias y no se analizan. Sobre eso hay libros muy importantes,
sobre el monopolio de los medios de información; la verdad
está secuestrada, no se conoce. Son dos fenómenos.
Yo
le explicaba que nosotros no éramos pesimistas sobre la posibilidad
de crear una conciencia. Yo les digo: se puede crear o no una conciencia.
Desde luego, si las masas no saben leer y escribir no puede ni siquiera
intentarse; si la sociedad tiene un nivel de conocimientos como
lo tiene la sociedad japonesa, entonces con los propios medios de
divulgación, no solo por escrito, sino con la palabra, con
las imágenes, con la música, con otras muchas manifestaciones,
se puede crear una conciencia hoy.
Les
digo que ese era el caso de Cuba. Si la gente no sabía leer
y escribir… ¿Qué puede hacer una persona que
no sepa leer ni escribir? Si alcanzan o no un sexto grado, si se
gradúan o no de bachiller, si cientos de miles realizan estudios
universitarios, si tienen buenos profesores, se producen fenómenos
diferentes. La Revolución no se ha defendido con la fuerza,
se ha defendido con los conocimientos, con la conciencia. ¿Cómo
podía un país pequeño, como Cuba, resistir
50 años de bloqueo y de hostigamiento? Creían que
podían rendir el país, o que podían engañarlo,
pero no pudieron. Era, a mi juicio, una demostración de que
se puede formar una conciencia, porque si renunciamos a la idea
de que la conciencia pueda crearse, entonces, ¿qué
sería del trabajo de ustedes? Porque ustedes están
recorriendo el mundo y explicando, llevando a las personas que conocieron
de cerca eso, y contando hechos que son desgarradores, realmente.
Y me explico todavía mejor lo que ustedes están realizando,
porque lo están sintiendo, y están llevando personas
que lo vivieron, y tienen las imágenes, tienen muchas cosas.
Yo
estuve en Hiroshima. Visité el museo. Todo me lo explicaron
allí: lo que resistió, lo que no resistió;
y una de las imágenes tremendas de la tragedia humana era
la estampa de los niños que no habían nacido todavía,
madres gestantes a las que faltaba un mes, dos meses, tres meses,
esas imágenes han quedado estampadas allí, y son de
un gran impacto, y pienso que hay material para lograrlo. Yo diría
que hoy hay mucha más conciencia; pero hace falta mucha más.
Y el hecho real es que hoy toda la humanidad está amenazada
de algo tan horrible como lo que ustedes han contado, e incluso
más horrible todavía, porque lo hemos escuchado de
las personas que estaban en el área de la primera bomba,
el dolor por las personas que murieron, las personas que fueron
quemadas, que fueron lesionadas o fueron irradiadas y han vivido
más de 50 años. Hace en realidad 65 años de
que se produjeron aquellas explosiones, y hoy miles de ellas más
poderosas y precisas amenazan la humanidad.
El
científico afirma la teoría de que, mientras más
armas nucleares posea un país, menos posibilidades de paz
y seguridad tendrá. Él es partidario de que se liquiden
todas las armas nucleares. Yo voy un poco más lejos. Pienso
que si se liquidan las amas nucleares y no se liquidan las armas
convencionales, es casi igual.
El
poder destructivo de tales armas convencionales es hoy enorme. Una
bomba con fragmentos de tungsteno, portada en una pesada ojiva,
sin uso de energía nuclear, adquiere velocidad en el espacio
de 25 000 kilómetros por hora, más de 20 veces la
velocidad del sonido; desciende luego a no menos de 20 000 kilómetros.
Toda un área de lo que está debajo es absolutamente
destruida. No queda puesto de mando, no queda gobierno, no queda
nada del objetivo señalado. Eso se ha publicado, se ha explicado.
La guerra mundial pasada costó 50 millones de vidas, víctimas
de armas convencionales, sin incluir las víctimas y el daño
humano de las dos bombas nucleares, que ocasionaron más de
150 mil muertes y un número superior de personas que sufrieron
quemaduras, irradiación y otros muchos daños. La destrucción,
el hambre, las enfermedades, afectaron a gran parte del mundo en
aquella guerra. Si se produjera otra guerra mundial, sería
la última, no puede haber otra.
El
mismo Einstein lo dijo, que no sabría cómo sería
otra guerra mundial en la era atómica; pero que la siguiente
sería con arcos y flechas.
Yo
había traído una carta que me envió Robock,
el mencionado científico, en respuesta a una pregunta que
le hice cuando él ya estaba en el aeropuerto de regreso a
su país. En su conferencia había trasmitido unos datos
sobre el planeta Marte; me comuniqué por teléfono
y le pregunté dónde podía obtener más
datos sobre ese planeta. Él me explicó que Marte tenía
atmósfera, algo que dado su poco grosor yo ignoraba. Me prometió
enviar información.
Dos
o tres días más tarde la envió.
“Marte
posee una atmósfera mucho menos espesa que la de la Tierra,
con solo un 7% de aire… Equivale a la densidad del aire de
la Tierra a 21 kilómetros de altura.”
“La
atmósfera marciana -añade- está compuesta,
casi en su totalidad, por dióxido de carbono.”
Lo
informado se relaciona con lo que estamos hablando: los efectos
de las explosiones nucleares. Las consecuencias sobre el clima.
¿Qué se ha dicho del medio ambiente? ¿Qué
se ha dicho del cambio climático? ¿Es que no existe
ese grave problema? ¿Es que no se ha investigado? ¿Es
que no existe una prestigiosa película elaborada con la cooperación
de los más eminentes científicos sobre el cambio climático,
sus efectos en las lluvias, la economía y la vida de los
seres humanos? Eso está estudiado como un segundo problema
en el cambio climático. Es decir, no hay que esperar que
haya una guerra nuclear para que la vida desaparezca en el planeta.
Así como les estoy diciendo, para que la vida desaparezca
en el planeta.
La
economía y la vida de las naciones se basan hoy en el consumo
de materias primas no renovables, entre otras, la más importante,
el petróleo, una materia prima que se consume a ritmo de
casi 100 millones de barriles diarios.
Tómese
en cuenta que el petróleo tardó cientos de millones
de años en formarse a partir de materia viva.
Alrededor
de 400 millones de años fue lo que se requirió para
que se formara el petróleo, el gas y el carbón. ¿En
qué tiempo el hombre está gastando el petróleo
que la naturaleza acumuló durante 400 millones de años?
En apenas 130 años los seres humanos han gastado ya más
de la mitad de ese combustible, cuyo consumo además tiene
efectos tremendos en el medio ambiente. Dióxido de carbono,
que tanto abunda en la atmósfera de Marte, es precisamente
lo que produce el consumo de petróleo. Son factores que la
humanidad debe conocer, enfrentar y resolver. Es el precio de su
existencia.
La
población humana no puede crecer ilimitadamente, ya que el
planeta donde surgimos y vivimos tiene límites. Se calcula,
si mal no recuerdo, que para el año 2050 la población
alcanzará la cifra de más de 9 000 mil millones de
habitantes. Hace sólo 200 años apenas alcanzaba los
mil millones. Las consecuencias que eso tiene con relación
al agua, a los alimentos, a la energía y a las materias primas
son realmente extraordinarias.
Japón
es país de bastante limitada superficie para su población,
hoy se acerca ya a 130 millones de habitantes, tengo entendido;
se afirma que es la nación de mayor promedio de vida y portadora
de una elevada cultura, y que su población se estabilizará
en algo más de 100 millones de personas. Luego es posible
alcanzar la estabilidad de la población.
Un
país vecino de ustedes, China, aplica una rigurosa política
de población; si no hubiese adoptado esa política,
hoy en China habría alrededor de 3 000 millones de habitantes.
Entre China y la India poseen casi la mitad de los habitantes del
planeta.
Son
realidades. Las personas deben tener el valor de enfrentar las realidades,
de conocerlas, como están haciendo ustedes con relación
a las terribles consecuencias de las explosiones nucleares. Los
que nazcan deben tener condiciones indispensables, disfrutar de
una vida natural y tan plena como sea posible. No es lo que está
ocurriendo. Mueren cada año alrededor de 8 o 10 millones
a consecuencia del hambre y de la falta de atención médica.
¿Quiénes hablan de eso? Algunos científicos
y algunos políticos. De tales noticias apenas se habla; a
las grandes transnacionales no les interesa el tema.
Yo
sé que ustedes, en este propio viaje, nos solicitaron que
enviáramos un médico con experiencia internacionalista,
no alguien que estuviera pensando serlo. De esos mismos médicos
cubanos, hay miles de ellos en numerosos países. Ustedes
se asombrarían seguramente si conocieran lo que, por ejemplo,
nuestro pequeño país puede hacer por otros pueblos.
No se trata de tareas irrealizables lo que sostengo.
Matsumi
Matsumura.- Comandante, mire, lo que le quería comentar por
nuestra parte, que usted mencionó al internacionalista…
Cmdte.-
¿Y está aquí?
Matsumi
Matsumura.- Sí.
Cmdte.-
¿Dónde está? Puede levantar la mano.
Deja
ver si te veo mejor.
Me
dijeron que estuviste en Haití, ¿no?
Matsumi
Matsumura.- El señor Dr. Liván Torero, que él
trabajó mucho para la gente de Haití después
del terremoto y lo hemos invitado al barco de la paz para que nos
dé su experiencia allá en Haití. Y también
a su lado tenemos a José Ramón, el bailarín
de salsa, que para nosotros es muy importante conocer su cultura;
creo que es un baile tradicional y nosotros hemos aprendido mucho
sobre la salsa.
De
verdad, muchísimas gracias por ofrecernos esta invitación.
Muchísimas gracias, Comandante (Aplausos).
Cmdte.-
Lo felicito, y muchas gracias. Lo mencioné porque sé
la tarea que están haciendo e iba a citar el caso de Haití
como una prueba de lo que puede la conciencia.
En
la propia Bolivia hay casi 2 000 médicos, están en
muchos lugares. En Ecuador, que tiene 15 millones de habitantes,
están ayudando a indagar y prestar atención a todos
aquellos que por problemas genéticos o de otra índole
son inválidos, nacieron ciegos o nacieron sin poder oír.
Al no poder oír un niño, se vuelve mudo; si no conoce
los sonidos no puede emitirlos. Muchos problemas tienen solución
con un equipito, con ponerles un audífono podrían
hablar y comunicarse.
Si
nacen ciegos y sordos es una situación más complicada.
¿Cómo será la vida de una persona ciega y sordomuda,
que nunca ha oído y nunca vio?
Conozco
los resultados del implante coclear y cómo aprenden a oír,
hablar, escuchar la música y conocer el mundo; sus vidas
cambian.
Creo
que la sociedad debe hacer conocer a los padres, tratar de advertir
los riesgos; que en determinados casos, no debieran tener descendientes.
Considero que cada ser humano que nazca debe venir al mundo con
toda su potencialidad. Si por alguna razón nacen con deficiencias
vitales no hereditarias, hay que hacer todo lo posible para enriquecer
la vida de esas personas. Los que no puedan ser alimentados realmente,
los que no puedan ser educados, los que no puedan tener una vida
normal, una vida que valga la pena vivir, no deben ser concebidos,
sencillamente.
Comprendo
que no todos pueden pensar exactamente igual, hay influencias religiosas,
yo respeto todo eso; pero estoy expresando con franqueza mi opinión
y por qué. Para el género humano, en la actualidad,
se trata, realmente, del famoso problema ser o no ser, si va a sobrevivir
o no esta especie, que realmente bastante daño ha ocasionado
a los demás seres vivos. Desde que surgió la especie
humana lo trastornó todo, la inteligencia hasta ahora ha
constituido una tragedia para la naturaleza, y con las armas nucleares
pudiera llegar a crearse un problema tan grave como el de aquel
famoso asteroide que cayó -dicen- en el istmo de Tehuantepec,
en México, hace decenas de millones de años, y produjo
un prolongado invierno.
Ninguna
otra especie hizo eso, mantuvo el equilibrio con la naturaleza a
lo largo de miles de millones de años, alrededor de 4 mil.
El hombre es nuevo. Surgió hace menos de 200 000 años
esta especie pensante -lo de pensante yo diría que está
por demostrar, si no demostrara que es capaz de sobrevivir. Excúsenme
de que sea un poco duro con nuestras insensateces. Lo único
demostrado hasta hoy, es que no existe la menor prueba de que haya
sido precedida por otra.
En
fin, todos estos problemas están combinados, y a mí
me parece que deben asociarse para ganar la batalla que debe ser
el objetivo de los seres humanos. Entonces tal vez muchas cosas
maravillosas podrían crearse.
¿Cuánta
gente bien preparada científicamente, cuántas eminencias
tiene el mundo? El 80% de los ingenieros de Estados Unidos están
dedicados a la esfera militar, a crear los medios y la ciencia para
destruir y matar, en virtud de un sistema pérfido que los
condujo a ese destino.
Nuestra
aspiración es que las personas alcancen niveles intelectuales
altos. Casualmente, cuando venía hacia acá, tomé
un boletín de noticias y me encuentro con una de ellas, la
cual señalaba que Cuba ocupaba el primer lugar del mundo
en el porcentaje de estudiantes matriculados en los centros superiores
de estudio. Venezuela ocupaba el quinto lugar; segundo, tercero
y cuarto lo ocupaban la República de Corea, Finlandia, y
Grecia; Estados Unidos estaba por detrás de nosotros en el
sexto lugar.
Yo
cité al médico, porque esos hombres y mujeres -la
mayoría son mujeres- están trabajando en Bolivia,
en Nicaragua, en Venezuela, en muchos países del Tercer Mundo.
Pero, ¿por qué? Me asombro: vienen, por ejemplo, de
vacaciones 15 días y se desesperan por regresar a sus puestos
de trabajo, les echan de menos a los pacientes; hay que oír
a los pacientes cómo se expresan. Es un producto de la conciencia,
eso no se compró en ningún lugar, no se hace por dinero.
La
tarea que realizan los compañeros en Haití es un producto
de la conciencia. Por eso me atrevo a hablar de la conciencia, porque
he visto que la conciencia hizo posible la Revolución, hizo
posible la resistencia, independientemente de las críticas
que nos hagan o de los errores que podamos cometer, porque ninguna
obra humana es perfecta. No tememos lo más mínimo
a hablar de errores, porque lo que no tiene perdón es lo
que se hace conscientemente en perjuicio de los demás.
No
hay obra humana perfecta, pero creemos en ella, y si no creyéramos
en ella, no estaríamos haciendo lo que estamos haciendo,
y tampoco lo que ustedes tan noblemente están haciendo.
Lamento
que les he tomado demasiado tiempo.
Prosigue
mañana.

Fidel
Castro Ruz
Septiembre
25 de 2010
12
y 14 p.m.
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