
Piedad Córdoba
y su lucha por la paz
La
Habana, octubre 1.-
Hace tres días se publicó la noticia de que el Procurador
General de Colombia, Alejandro Ordóñez Maldonado,
había destituido e inhabilitado por 18 años para ejercer
cargos políticos a la prestigiosa Senadora colombiana Piedad
Córdoba, por supuesta promoción y colaboración
con las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia). Frente
a una medida tan inusual y drástica, contra la titular de
un cargo electivo de la más alta institución legislativa
del Estado, ésta no tiene otra alternativa que recurrir ante
el propio Procurador que engendró la medida.
Era
lógico que tal arbitrariedad provocara un fuerte rechazo,
expresado por las más diversas personalidades políticas,
entre ellas, ex prisioneros de las FARC y familiares de los que
fueron liberados por gestiones de la senadora, ex candidatos a la
presidencia, personas que ocuparon ese alto cargo, otros que fueron,
o son, senadores o miembros del poder legislativo.
Piedad
Córdoba es una persona inteligente y valiente, expositora
brillante, de pensamiento bien articulado. Hace pocas semanas nos
visitó acompañada de otras personalidades destacadas,
entre ellas, un sacerdote jesuita de notable honestidad. Venían
animados por un profundo deseo de buscar la paz para su país
y solicitaban la colaboración de Cuba, recordando que durante
años, y a solicitud del propio gobierno de Colombia, prestamos
nuestro territorio y nuestra colaboración para las reuniones
que tuvieron lugar en la capital de nuestro país entre representantes
del Gobierno de Colombia y el ELN.
No
me sorprende, sin embargo, la decisión tomada por el Procurador
General, que obedece a la política oficial de ese país
virtualmente ocupado por las tropas yankis.
No
me gusta hablar a medias tintas, y diré lo que pienso. Hace
sólo una semana, estaba a punto de iniciarse el debate general
del 65 Período de Sesiones de la Asamblea General de Naciones
Unidas. Durante tres días, se habían discutido las
penosas metas de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, y el jueves
23 de septiembre se iniciaba la Asamblea General, con la participación
de los Jefes de Estado o de altos representantes de cada país.
El primero en hacer uso de la palabra sería, como es costumbre,
el Secretario General de la ONU y, de inmediato, el Presidente de
Estados Unidos, país sede de la Organización y presunto
amo del mundo. La sesión comenzaba a las 9 de la mañana.
Como es lógico, estaba interesado en conocer qué diría
el ilustre Barack Obama, Premio Nobel de la Paz, tan pronto concluyera
Ban Ki-moon. Imaginé ingenuamente que la CNN en español
o en inglés trasmitiría el discurso, generalmente
breve, de Obama. Por esa vía escuché los debates entre
aspirantes a ese cargo en la ciudad de Las Vegas, dos años
antes.
Llegó
la hora, pasaban los minutos y CNN ofrecía noticias aparentemente
espectaculares sobre la muerte de un jefe guerrillero colombiano.
Estas eran importantes, pero no de especial trascendencia. Continuaba
yo interesado por saber qué decía Obama de los gravísimos
problemas que sufre el mundo.
¿Acaso
la situación del planeta está para que ambos estén
bobeando y haciendo esperar a la Asamblea? Pedí que pusieran
en otro televisor la CNN en inglés y tampoco una palabra
sobre la Asamblea. Entonces, ¿de qué hablaba la CNN?
Daba noticias, y esperaba que concluyera las que emitía sobre
Colombia. Pero pasaron 10, 20, 30 minutos y seguía en lo
mismo. Narraba incidencias de un colosal combate que se estaba librando,
o se había librado, en Colombia, los destinos del continente
iban a depender de eso, según se deducía de las palabras
y el estilo de la narración del locutor. Se mostraban fotos
y filmes en todos los colores de la muerte de Víctor Julio
Suárez Rojas, alias Jorge Briceño Suárez o
"Mono Jojoy". Es el golpe más fuerte recibido por
las FARC, afirmaba el locutor, supera la caída de Manuel
Marulanda y la de Raúl Reyes juntos. Acción demoledora,
afirmaba. Según se deducía, había tenido lugar
un espectacular combate con la participación de 30 aviones
de bombardeo, 27 helicópteros, batallones completos de tropas
selectas empeñados en feroz acción bélica.
Realmente,
algo más que las batallas de Carabobo, Pichincha y Ayacucho
juntas. Con la vieja experiencia en estas lides, no concebía
semejante batalla en una región boscosa y apartada de Colombia.
La descomunal acción estaba condimentada con imágenes
de todo tipo, viejas y nuevas, del comandante rebelde. Para el redactor
de noticias de CNN, Alfonso Cano, quien sustituyó a Marulanda,
era un intelectual universitario que no gozaba de apoyo entre los
combatientes; el verdadero jefe había muerto. Las FARC tendrían
que rendirse.
Hablemos
claro. Las noticias referidas a la famosa batalla en la que murió
el comandante de las FARC —un movimiento revolucionario colombiano
que surgió hace más de 50 años, después
de la muerte de Jorge Eliécer Gaitán, asesinado por
la oligarquía— y la destitución de Piedad Córdoba,
están muy lejos de llevar la paz a Colombia; por el contrario,
podrían acelerar los cambios revolucionarios en ese país.
Imagino
que no pocos militares colombianos estén abochornados por
las grotescas versiones de la supuesta batalla en que murió
el Comandante Jorge Briceño Suárez. En primer lugar,
no hubo combate alguno. Fue un burdo y bochornoso asesinato. El
almirante Edgar Cely, tal vez embarazado con el parte de guerra
con que la autoridad oficial informó la noticia y otras versiones
oscuras, declaró que: "Jorge Briceño, alias ‘Mono
Jojoy’, murió por ‘aplastamiento’ cuando
[¼ ] la construcción en la que estaba escondido en
la selva se le vino encima." "‘Lo que sabemos es
que murió por aplastamiento, su búnker le cayó
encima’, [¼ ] ‘no es verdad que tuviera un tiro
en la cabeza’." Así lo declaró a la emisora
Caracol Radio, según la agencia de noticias norteamericana
AP.
A
la operación le pusieron un nombre bíblico "Sodoma",
una de las dos ciudades castigadas por sus pecados, sobre ella cayó
una lluvia de fuego y azufre.
Lo
más grave es lo que falta por contar, que ya hasta el gato
lo sabe, porque los propios yankis lo han publicado.
El
gobierno de Estados Unidos le suministró a su aliado más
de 30 bombas inteligentes. En las botas que le suministraron al
jefe guerrillero, le instalaron un GPS. Guiadas por ese instrumento,
las bombas programadas estallaron en el campamento donde estaba
Jorge Briceño.
¿Por
qué no se explica al mundo la verdad? ¿Por qué
sugieren una batalla que nunca tuvo lugar?
Otros
hechos bochornosos observé a través de la televisión.
El Presidente de Estados Unidos recibió efusivamente a Uribe
en Washington, y lo respaldó para ofrecer clases sobre "democracia"
en una universidad estadounidense.
Uribe,
fue uno de los principales creadores del paramilitarismo, sobre
cuyos miembros cae la responsabilidad del auge del narcotráfico
y la muerte de decenas de miles de personas. Fue con Barack Obama
que Uribe suscribió la entrega de siete bases militares y
virtualmente, de cualquier parte del territorio de Colombia, para
la instalación de hombres y equipos de las fuerzas armadas
yankis. De cementerios clandestinos está lleno el país.
Obama, a través de Ban Ki-moon, concedió a Uribe la
inmunidad, asignándole nada menos que la vicepresidencia
de la comisión que investiga el ataque a la flotilla que
llevaba ayuda a los palestinos sitiados en Gaza.
Uribe
en los últimos días de su presidencia tenía
ya organizada la operación utilizando el GPS en las botas
nuevas que necesitaba el guerrillero colombiano.
Cuando
el nuevo presidente de Colombia viajó a Estados Unidos para
hablar en la Asamblea General, conocía que la operación
estaba en marcha, y al conocer Obama la noticia del asesinato del
guerrillero, abrazó efusivamente a Santos.
Me
pregunto si en esa ocasión se habló algo del acatamiento
de la decisión emitida por el Senado de Colombia, declarando
ilegal la autorización de Uribe para establecer las bases
militares yankis. En ellas se apoyó el grosero asesinato.
He
criticado a las FARC. Expresé públicamente en una
Reflexión mi desacuerdo con la retención de los prisioneros
de guerra y los sacrificios que para estos implicaban las duras
condiciones de la vida en la selva. Expliqué las razones
y la experiencia adquirida en nuestra lucha.
Fui
crítico de las concepciones estratégicas del movimiento
guerrillero colombiano. Pero jamás negué el carácter
revolucionario de las FARC.
Consideré
y considero que Marulanda fue uno de los más destacados guerrilleros
colombianos y latinoamericanos. Cuando muchos nombres de políticos
mediocres sean olvidados, el de Marulanda será reconocido
como uno de los más dignos y firmes luchadores por el bienestar
de los campesinos, los trabajadores y los pobres de América
Latina.
El
prestigio y la autoridad moral de Piedad Córdoba se han multiplicado.

Fidel
Castro Ruz
Septiembre 30 de 2010
11 y 36 a.m.
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