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Mujer
¿Oficios inusuales?

Por Alicia Centelles

Hace cerca de tres años que la vida cambió para Iyaimi Palomares. Antes se ocupaba de estudiar historia, disciplina a la cual pensaba dedicarse, pero un día decidió integrarse a una microbrigada, grupo de personas que construyen en conjunto edificios de viviendas, destinados a ellas y a otros necesitados.

A golpe de tesón, la veinteañera fue apropiándose de secretos que antiguamente estaban considerados privativos del hombre. Hoy posee la clasificación de albañil B, y poniendo azulejos y dando el acabado a los inmuebles es casi una maga.

Ese camino que ahora transita Iyaimi lo desandaron ya otras muchas mujeres, para quienes sumarse a una microbrigada y dominar el duro oficio de la construcción resultó en su momento un verdadero desafío.

Los recuerdos de la injusta división sexista del trabajo asombran a muchas personas, que nacieron y crecieron en una sociedad donde lo único determinante para acceder a un empleo es la capacidad individual.

Ana Fidelia QuirotCada vez son menos los llamados "oficios inusuales", porque cada vez la mujer gana mayor terreno en el campo del empleo y en su emancipación. Así ha sido desde que en Cuba existe una voluntad política de promover la plena igualdad, para que un sector que era discriminado y soslayado antes de 1959 desarrolle sus potencialidades.

Las mujeres en Cuba se encuentran en casi todas partes, desde administrando un complejo agroindustrial azucarero, hasta dirigiendo un contingente de la construcción; se le ve en el surco y ante el microscopio.

Con sus manos conducen automóviles, camiones, combinadas cañeras, llevan a los lienzos hermosas imágenes o extraen del barro, la madera, el mármol o la piedra formas inimaginables. Y están también en las instituciones armadas, en la marina; como delegadas, diputadas, funcionarias estatales, economistas y abogadas, periodistas y científicas.

Según las estadísticas, la mujer representa el mayor porcentaje de la fuerza laboral calificada del país; es también mayoría en las universidades y en centros de la educación superior y profesional.

Institucionalmente se rompieron los frenos que impedían el progreso de la mujer. Los logros del presente no habrían sido posibles si las cubanas no hubiesen comprendido que la Revolución triunfante desataría sus alas y las sacaría del oscuro hogar, por lo que abogó en el pasado siglo la patriota Ana Betancourt de Mora.

A pesar de lo alcanzado, todo no es color de rosa. Aún existen individuos en quienes se advierten rezagos de la cultura patriarcal más conservadora. Hay quienes afirman que determinados oficios o profesiones no son propios del sexo femenino y se escandalizan cuando una muchacha aspira a ser, por ejemplo, carpintera.

Cada vez quedan menos de esos especímenes. El tiempo va dando la razón y las oportunidades a la mujer.


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