
El imperio y la
droga
La
Habana, mayo 31.- Cuando
fui detenido en México por la Policía Federal de Seguridad,
a la que por puro azar se le hicieron sospechosos algunos movimientos
nuestros, a pesar de que los hacíamos con el máximo
de cuidado para evitar el zarpazo de la mano asesina de Batista
-como hizo Machado en México cuando el 10 de enero de
1929 sus agentes asesinaron a Julio Antonio Mella en la capital
de ese país-, aquella pensó que se trataba de una
de las organizaciones de contrabandistas que actuaban ilegalmente
en la frontera de ese país pobre en sus intercambios comerciales
con la poderosa potencia vecina, industrializada y rica.
No
existía prácticamente en México el problema
de la droga que se desató más tarde de forma abrumadora
con su enorme carga de daños no sólo en ese país,
sino también en el resto del continente.
Los
países de Centro y Suramérica invierten incontables
energías en la lucha contra la invasión del cultivo
de la hoja de coca, dedicada a la producción de cocaína,
una sustancia que se obtiene a través de componentes químicos
muy agresivos y resulta tan dañina a la salud y a la mente
humana.
Los
gobiernos revolucionarios como los de la República Bolivariana
de Venezuela y Bolivia se esfuerzan especialmente para frenar su
avance, como lo hizo oportunamente Cuba.
Evo
Morales hacía ya rato había proclamado el derecho
de su pueblo a consumir té de coca, una excelente infusión
tradicional de la milenaria cultura aymara-quechua. Prohibírsela
es como decirles a los ingleses que no consuman el té, una
sana costumbre importada por el Reino Unido desde el Asia, conquistada
y colonizada por éste durante cientos de años.
“Coca
no es cocaína”, fue la consigna de Evo.
Es
curioso que el opio, sustancia que se extrae de la amapola lo mismo
que la morfina, fruto de la conquista y el coloniaje extranjero
en países como Afganistán, y que es sumamente dañino
consumido directamente, fuera utilizado por los colonialistas ingleses
como moneda que otro país de milenaria cultura, como China,
debía aceptar a la fuerza en forma de pago por los sofisticados
productos que Europa recibía de China y hasta entonces pagaba
con monedas de plata. Suele citarse como ejemplo de aquella injusticia
en las primeras décadas del siglo XIX que “un obrero
chino que se volvía adicto gastaba dos tercios de su sueldo
en opio y dejaba a su familia en la miseria”.
En
el año 1839 el opio ya estaba al alcance de los obreros y
campesinos chinos. La Reina Victoria I, del Reino Unido, impuso
ese mismo año la Primera Guerra del Opio.
Comerciantes
ingleses y norteamericanos con fuerte apoyo de la Corona inglesa,
vieron la posibilidad de importantes intercambios y ganancias. Para
esa fecha muchas de las grandes fortunas de Estados Unidos fueron
basadas en aquel narcotráfico.
Hay
que pedirle a la gran potencia apoyada en casi mil bases militares
y siete flotas acompañadas de portaaviones nucleares y miles
de aviones de combate con las cuales tiraniza al mundo, que nos
explique cómo va a resolver el problema de las drogas.

Fidel
Castro Ruz
Mayo 30 de 2010
3 y 36 p.m.
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