Cuba
demuestra en Naciones Unidas su firme compromiso contra la tortura
La
Habana, mayo 25-Al
presentar su informe ante el Comité contra la Tortura de
las Naciones Unidas en virtud de sus obligaciones como Estado parte
en la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas
Crueles, Inhumanos o Degradantes (22 y 23 de mayo del 2012), Cuba
contó con el aval de la obra de justicia construida por la
Revolución. La delegación cubana pudo argumentar,
con datos contundentes e incontestables, la aplicación práctica
de los preceptos que inspiran a la Convención y su plena
coherencia con la filosofía de principios seguida por el
Estado cubano con riguroso celo y compromiso.
La
presentación cubana recordó que hasta 1959 la tortura
y el abuso por parte de las autoridades policiales y militares eran
parte de la política de Estado, y que fue el proceso revolucionario
el que puso fin a tan despreciables prácticas, 25 años
antes de que existiera la Convención de las Naciones Unidas.
Como
es habitual en los exámenes de países, el Comité
concentra su atención en temas tan complejos como el estado
del sistema penitenciario, el rigor en la impartición y administración
de justicia, las garantías para las personas bajo detención
y la ética del sistema de orden público. Este órgano
de la ONU está compuesto por diez expertos de diversos países
que actúan a título personal, y tiene como mandato
realizar recomendaciones a los Estados Partes sobre la aplicación
de la Convención y la prevención de la tortura o actos
afines en todas partes del mundo.
En
la actualidad, y a pesar de la existencia de la Convención,
la práctica de la tortura no ha desaparecido en varias partes
del planeta. Su uso por la fuerzas militares y paramilitares del
Gobierno de los Estados Unidos en Iraq, Afganistán, la Base
Naval de Guantánamo, las cárceles secretas creadas
por la CIA en Europa y otros sitios, es política oficial
abiertamente reconocida por ese Gobierno. Asimismo, la brutalidad
policial, como se ha podido ver en la represión en países
europeos a manifestantes pacíficos y las muertes en prisión
de personas encarceladas, constituyen también una constante.
En
contraste con esta negativa situación, Cuba expuso los avances
de los sistemas de justicia penal y penitenciario cubanos, que fortalecen
la necesaria seguridad ciudadana, y descansan en la rehabilitación,
en el respeto a las garantías y los derechos ciudadanos,
y en las concepciones más avanzadas sobre la materia.
Cuba
defendió su informe en condiciones diferentes a otros países.
Enfrenta, como ningún otro, la persistente campaña
de difamación y descrédito que financia y promueve
el Imperio, con la cual se politiza un examen de esta naturaleza,
se limita su necesaria objetividad e imparcialidad, y se introducen
elementos sesgados que forman parte de los pertinaces intentos de
desestabilización interna que promueve el gobierno de los
Estados Unidos.
La
delegación cubana, encabezada por el vicefiscal General de
la República, Rafael Pino Bécquer demostró,
sin que quedara duda alguna, el apego de la Revolución a
la aplicación de una política contra la tortura y
el abuso.
La
presentación de nuestro país apuntó que el
Código Penal cubano establece más de diez figuras
delictivas que brindan una adecuada protección ante la ocurrencia
de cualquier maltrato y tiene como base el mandato constitucional
que establece el respeto a la dignidad de todas las personas.
Resaltó
que los jefes y agentes de las fuerzas del orden cubanas se forman
en el respeto a la integridad física y moral de todas las
personas, y se les inculca una alta sensibilidad humana para cumplir
con su misión de velar por el orden interior y la tranquilidad
ciudadana, incluyendo en sus planes de preparación y capacitación
las regulaciones jurídicas internacionales, entre ellas,
las disposiciones de la Convención.
Demostró
el papel de la Fiscalía como órgano de control de
la legalidad para asegurar la protección y la promoción
de los derechos de todos los internos en los establecimientos penitenciarios
del país, así como las medidas que adopta la Revolución
para garantizar que las personas sancionadas alcancen un nivel educacional
y se formen en oficios y profesiones que les permitan su realización
personal y potencien su utilidad para la sociedad desde un trabajo
digno y justamente remunerado.
Y
denotó el empeño de continuar trabajando para fortalecer
y actualizar la legislación penal y profundizar aún
más en la plena aplicación de la Convención,
con mecanismos seguros, eficientes y responsables para garantizarlo.
Cuba
puede estar orgullosa de su trayectoria en el cumplimiento de lo
estipulado por la Convención y de los objetivos para los
que esta se concibió.
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