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Especial

Mirando a fondo: ficciones a término de siglo

Por Néstor Núñez

En esta era electrónica, donde las comunicaciones invaden todas las fronteras y el hombre nunca debería sentirse solo, tres cuartas partes de la Humanidad no tienen acceso estable a los medios de enlace con sus semejantes.

Como consecuencia, todo el aplastante universo de ordenadores, videos, compactos, telefonía celular, pantallas policromáticas y fibras ópticas se convierte en privilegio de apenas mil millones de personas, en su mayoría del Norte desarrollado...Y somos más de 5 700 millones los terrestres.

Para el Sur - es decir, la mayoría- se reserva la incomunicación, junto al hambre de 800 millones de personas y la pobreza extrema de mil millones. Todo esto acentúa los criterios en torno a la trascendente vinculación entre derechos del hombre y desarrollo, algo que algunos quieren pasar por alto en nuestros días.

Con el cierre de 1998, las posiciones sobre el tema desarrollo-derechos humanos se clarificaron mucho más. En la sede de la ONU resultó Estados Unidos el único país que se opuso a una declaración universal donde ambos asuntos se enlazaran íntimamente.

La gran potencia, que a la vez es la gran deudora de Naciones Unidas, afirmó que nada justifica la vinculación entre avance económico-social y derechos del hombre, e insistió en dar valor sólo a aquellos preceptos que Washington utiliza en sus campañas políticas contras naciones y gobiernos que no son de su agrado y conveniencia.

Como en otras ocasiones, entre los 185 estados miembros del organismo internacional Washington quedó aislado, porque absolutamente nadie secundó sus pronunciamientos ni siguió su ejemplo. Otra derrota para el Imperio.

La verdad inocultable

Las intenciones norteamericanas de desvincular desarrollo y derechos humanos no tienen eco en el planeta. Representantes de varias naciones empobrecidas han reiterado que el hambre, la carencia de oportunidades, el endeudamiento externo y la exclusión que caracterizan al neoliberalismo castran toda posibilidad de que buena parte de la población mundial disfrute de una vida digna, una de las primordiales prerrogativas del ser humano.

A la vez, condenan el hecho contradictorio de que la gran potencia que intenta desconocer el papel del desarrollo en la vigencia de los derechos humanos pretenda opacar el ejemplo de pueblos como el cubano, que en medio de un recio bloqueo -que, dicho sea de paso, viola los derechos de 11 millones de cubanos en la isla y millones de personas a lo largo del mundo y en los propios EE.UU- ha procurado a toda costa defender las prerrogativas ciudadanas fundamentales.


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