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Una
trampa para Arafat
Por
Néstor Nuñez
Los
acontecimientos que se suceden en el Medio Oriente parecen diseñados
por Israel y Estados Unidos para no terminar jamás con los
sufrimientos del pueblo palestino.
A pesar
de que Washington se dijo partidario de un Estado independiente
con el propósito de granjearse el apoyo árabe a su
aventura militar en Afganistán, nada ha hecho para frenar
la violencia sionista.
Es
más, cada vez que se produce una respuesta de algún
grupo extremo palestino a las permanentes agresiones sionistas,
tanto Tel Aviv como la Casa Blanca exigen a la Autoridad Nacional
Palestina acciones de represalia so pena de sufrir nuevos ataques
desde Israel.
Es
el interés por mantener la noria de acoso permanente al pueblo
de Palestina a la vez que la pretendida justificación para
el andamiaje de terror que ejerce el Estado judío.
Apuesta al desgaste
Cuando Estados Unidos
e Israel presionan a la Autoridad Nacional Palestina y a su líder,
Yasser Arafat, para que controlen a los grupos que responden violentamente
a las agresiones sionistas, procuran con toda intención incentivar
la división en el campo árabe.
Hace poco las televisoras
internacionales mostraban los enfrentamientos entre militantes islámicos
palestinos y fuerzas del orden de la misma nacionalidad, empeñadas
en evitar nuevas acciones antisonistas que sirvan de pretexto a
Tel Aviv.
Sin dudas, esos episodios
socavan la unidad interna dentro de los combatientes palestinos,
enfrentan a las diferentes tendencias y convierten a Arafat en un
dirigente indeseable para algunos grupos internos.
La vieja fórmula
de divide y vencerás tiene terreno para funcionar, mientras
a corta distancia los agresores y sus prepotentes aliados se frotan
las manos de contento.
No es una tarea fácil
para la máxima dirección palestina encontrar el derrotero
adecuado para solventar la actual etapa. Como ya se dijo, la acción
coercitiva sobre los airados militantes que la emprenden contra
Israel fomenta divisiones y enfrentamientos internos.
A su vez, éstos
aceleran los síntomas de inestabilidad e inseguridad, lo
que puede servir también de pretexto al Estado sionista para
nuevas intervenciones armadas con el argumento de un peligroso caos
cercano a sus fronteras.
Tal vez por eso sea
factible atender a las afirmaciones de algunos observadores del
área, para los cuales Tel Aviv, con el apoyo de Washington,
han tendido un cerco completo en torno a la Autoridad Nacional Palestina
con muy pocos resquicios para escapar.
Al final, la violencia
sionista encontrará por estas vías una u otra presunta
excusa para hacerse sentir.
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