|
Pies
sobre el pantano
Por
Néstor Núñez
El gobierno de George
Bush habla de éxito en Afganistán. La declaraciones del presidente y
sus personeros indican que los supuestos objetivos se van cumpliendo
en la bautizada guerra contra el terrorismo. Sin embargo, los
esfuerzos por convencer a la opinión pública resultan cada vez más
endebles y controvertidos.
Las bombas caen sobre
el empobrecido país centroasiático desde hace semanas, y todavía
Washington no ha podido exhibir victorias sonadas en el desquite
militar en que se ha enfrascado.
Ni Osama bin Laden y ni
los talibanes han cedido terreno, ni la Alianza del Norte, al parecer
el instrumento predilecto de Occidente en la lucha terrestre, ha
logrado hacerse de posiciones significativas que pongan en peligro al
régimen de Kabul. De manera que en el campo militar las fanfarrias
suenan huecas, y ,desde luego, tienen su repercusión en el universo
político.
Deuda en vidas
Las fuentes militares
norteamericanas admiten cada vez un mayor volumen de errores en sus
bombardeos aéreos contra Afganistán. Un simple "lo
lamento" cierra cada conferencia de prensa donde se habla de
reiteradas confusiones entre los pilotos y, en consecuencia, de
infinidad de víctimas civiles.
Las bombas hacen blanco
en hospitales, almacenes de la Cruz Roja, aldeas indefensas o asilos
de ancianos. Al final se contabilizan como "pérdidas
colaterales", ese eufemismo creado por los estrategas del
Pentágono para esconder genocidios.
Pero lo extraño es que
los titulados "errores" se multiplican de forma alarmante,
tanto, que da la impresión de que se hace con toda intención, como
para sembrar el terror entre seres indefensos, en una brutal venganza
que enloda y desacredita mucho más la imagen ya sucia del
imperio.
Tiempo en contra
No pocos analistas
indican que Washington pierde en Afganistán en la medida que el
tiempo transcurre sin mayores éxitos bélicos. Los crecientes ataques
contra civiles despiertan rechazo internacional.
El ánimo musulmán, a
duras penas contenido desde el siete de octubre, en que se iniciaron
los bombardeos, tiende a subir de tono, mientras crecen los
voluntarios anti norteamericanos dispuestos a pasar a suelo
afgano.
La propia alianza
antiterrorista asoma fisuras, porque la extensión del conflicto
atenta contra intereses e imágenes individuales de gobiernos y
personajes que no están interesados en desgastarse
públicamente.
En fin, que Bush hijo
parece adentrarse poco a poco en un atolladero donde las simpatías
que ganó de repente, aprovechando los atentados de septiembre, pueden
degenerar velozmente en rechazo y condena.
Artículos anteriores
-Comprensión
y solidaridad
-Tragedia
para meditar
-El
racismo al banquillo
-Entre
Fidel y Chávez, el gozo de la grandeza
-Los
cuervos duermen bien
-Una batalla desigual
-Fidel,
de nuevo en un país del Sur
-El
ALCA: ni tan
libre, ni tan fácil
-Los
engendros del imperio del mal
-Nuevas
negociaciones y viejos obstáculos en el Medio Oriente
-Un
encuentro Cumbre de la amistad cubano-rusa
-Otro
rasero de Washington para los sionistas
-El
gran circo de las elecciones en Estados Unidos
-Derechos humanos en los Estados
Unidos: ¿Ley marcial en pequeña escala?
-Elecciones en Estados Unidos: la imagen se desmorona pulgada a pulgada
-Armas ligeras: la gran plaga
-Siglo nuevo, saldo viejo
-Los desplazados del Norte
-Un año de desastres
-Guerra contra Yugoslavia: los extraños vencedores
-El siglo de los desplazados
-El otro gran negocio
-¿Por
qué Yugoslavia y no Turquía?
-Mirando a fondo tras las bombas
-La Batalla por el Este de Europa
-Cuba en la avanzada educacional
-Mirando a fondo: ficciones a término de siglo
-Nuevas medidas de Estados Unidos: una acción con
fines subversivos
-Cuba por dentro: en beneficio de todos
-Ante una nueva maniobra yanki...Cuba no acepta limosnas
-Cubanos en el MIDEM Latino: Los oídos sordos de
Miami
-Estados Unidos, ¿un pedazo del Paraíso?
-La Florida hoy
|