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Especial
Ante una nueva maniobra yanki...

Cuba no acepta limosnas


Por Nidia Díaz (Publicado en el diario Granma, octubre 7, 1998)

La negativa del Gobierno cubano a recibir una publicitada "ayuda" en alimentos de Estados Unidos, para lo cual Washington ponía como condición la supervisión de la distribución y la consignación en los envases de su procedencia estadounidense, está siendo utilizada en ese país para lo que obviamente fue siempre su propósito: desatar una ola de manipulaciones, hipocresía y demagogia.

El momento, al parecer, ha sido considerado propicio a este fin por las fuerzas de la derecha norteamericana que se empeñan a fondo en la campaña electoral de cara a los comicios legislativos de noviembre.

Con la falaz argucia del presunto gesto humanitario, ellas se proponen, por un lado, ganar adeptos y sufragios y, de paso, lo que resulta aún más importante, tratar de debilitar el creciente movimiento que en los últimos años se viene manifestando, dentro y fuera de EE.UU., contra el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto al pueblo cubano, que busca hacer fracasar la obra de justicia social de nuestra Revolución.

Como parte de la nueva jugarreta política, el Departamento de Estado hizo pública hace unos días una declaración en la que "lamentó" el rechazo de Cuba a la disposición norteamericana de contribuir con hasta un tercio de los 20,5 millones de dólares solicitados por el Programa Mundial de Alimentos (PAM) de Naciones Unidas para aliviar la situación creada en la Isla en ese
rubro por la fuerte sequía padecida en los últimos meses y el paso del huracán Georges.

Según cálculos del organismo internacional, el monto de las pérdidas ocasionadas por la sequía a las cosechas cubanas asciende a 267 millones de dólares. El llamado internacional realizado por el PAM cubriría sólo una pequeña parte de las pérdidas.

El gobierno norteamericano en una inmoral y repugnante maniobra -nada novedosa por cierto-, se adelantó a anunciar que estaría dispuesto a asumir hasta la tercera parte de lo solicitado, a condición de supervisar la entrega y etiquetear los envases y sacos para que no quepa dudas de su procedencia estadounidense.

Decimos que no es nada novedoso porque justamente a mediados del año pasado, cuando en el Congreso norteamericano se discutía con fuerza una moción presentada por los legisladores Torres y Rangel, con el coauspicio de otros 90 legisladores para suspender el bloqueo en lo referido a medicinas, alimentos y equipos médicos, el ultrarreaccionario Jesse Helms se opuso y propuso, a cambio, enviar a Cuba cierta "ayuda humanitaria".

Corrían los días en que se preparaba la visita a nuestro país del Papa Juan Pablo II, quien calificaría al bloqueo como injusto y éticamente inaceptable.

De lo que se trataba entonces, era de atenuar el efecto moral de la condena vaticana al bloqueo que dejó aislada como nunca y sin argumentos la cruel política del gobierno estadounidense hacia el pueblo de Cuba, y permitió a muchas personas, en todo el mundo, comprender las razones de la resistencia heroica que éste ha protagonizado durante casi cuatro décadas.

Otro devastador huracán, el Lili, también fue el pretexto para tratar de introducir en nuestro país una supuesta ayuda humanitaria, rotulada con consignas contrarrevolucionarias, que fue devuelta a Estados Unidos porque el lobo aunque se vista de oveja siempre deja ver su peluda oreja.

La supuesta ayuda que ahora hipócritamente el gobierno de Washington dice estar dispuesto a ofrecer, le ha servido para recordar viejas mentiras, como aquella echada a rodar el año pasado sobre la autorización de donaciones desde Estados Unidos a Cuba por un monto de mil millones de dólares desde 1996.

Hace apenas unos días, al clausurar el V Congreso de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), nuestro presidente, Fidel Castro, desmintió el hecho y, apoyado en los datos suministrados por el ministro de Salud Pública, situó la cifra por debajo de los 10 millones.

Por otro lado, considerar las remesas de familiares a sus parientes en Cuba como una ayuda estadounidense a la Isla es el colmo de la impudicia. Han sido las autoridades de ese país, precisamente, quienes han hecho todo lo posible por impedir que esos recursos lleguen a sus familias en Cuba, lo cual se evidencia en la Orden Presidencial que las prohibió a raíz de los incidentes del 24 de febrero de 1994.

Pero hay más, tres meses atrás la Casa Blanca, en un alarde de politiquería, anunció al mundo la autorización de permisos y licencias por parte del Departamento del Tesoro para que el Gobierno cubano adquiriera con firmas norteamericanas medicamentos, insumos y equipos médicos que necesitara, en lo que también fue calificado por ellos mismos de "gesto humanitario".

Desde entonces, el Ministerio cubano de Salud Pública ha hecho solicitudes a 10 firmas y algunas respondieron negativamente; otras ni siquiera han contestado.

Negativas de ese tipo, originadas en una inhumana política de bloqueo, son las que impiden, por citar sólo algunos ejemplos expuestos por el canciller Roberto Robaina en la ONU, que a los niños cubanos enfermos de leucemia se les niegue el acceso al Oncaspar y al L- Spar para prolongar sus vidas.

Son las responsables de que los pacientes cubanos enfermos de SIDA no puedan contar con el bloqueador AZT. Las que impiden la compra urgente de respiradores Preemicare que deben utilizarse en las salas de terapia intensiva de recién nacidos. Las que prohíben vender a Cuba una libra de metrotrexato para probar importantes medicamentos contra el cáncer, cuando nuestro país
ha demostrado tener capacidad científica para situarse en posiciones de avanzada en la industria farmacéutica y biotecnológica.

Valdría la pena, ante tanta desfachatez, preguntarse si todavía queda alguien en el mundo capaz de creer en las declaraciones del gobierno de Estados Unidos y en las lamentaciones por el rechazo del Gobierno cubano a esta presunta ayuda, que no la dicta otra cosa que los afanes electoreros y la doblez moral con que suelen hacer campañas internacionales los presuntos paladines de los derechos humanos.

Cuba, en medio de la crisis económica y las demás adversidades que atraviesa, está abierta a la solidaridad internacional. Pero esa solidaridad, que recibimos con honor y con la frente en alto, sólo lo es cuando se entrega sin condiciones, cuando no se utiliza para humillar o tratar de desmoralizar a nuestro pueblo.

Los políticos estadounidenses, por lo que se ve, al cabo de casi 40 años de Revolución y de incesante guerra económica contra Cuba, no han aprendido que nada puede doblegarnos, que los cubanos no aceptamos limosnas, que nos basamos por encima de todo en nuestro propio esfuerzo, que no recibimos migajas etiqueteadas Made in USA.

Bien les convendría antes de salir por el mundo a pregonar mentiras recordar que el pueblo cubano tiene en su haber más de un siglo de luchas sólo por impedir que lo pongan de rodillas y que si hoy existimos como nación independiente es precisamente por no haber aceptado migajas ni habernos dejado engañar con baratijas por quienes antes nos colonizaron y luego hicieron de nuestro país su patio trasero.

Ser cubano hoy no es sólo la expresión de una nacionalidad: es una actitud de rebeldía y dignidad y coraje frente a quienes ladinamente intentan humillarnos.

De qué ayuda pueden hablarnos, con una cifra por demás ínfima para resolver los estragos causados por la sequía y el huracán Georges, cuando el Gobierno revolucionario cubano en un esfuerzo sin precedentes destina decenas de millones de dólares para alimentos suplementarios no sólo para los habitantes de las provincias más afectadas sino para todos los niños hasta 14 años y mayores de 60 en el país.

De qué ayuda humanitaria pueden hablarnos cuando los cubanos somos los únicos ciudadanos de este sufrido planeta a quienes no se les permite acceso a créditos ni apoyo financiero de ningún organismo internacional.

¿Podemos los cubanos aceptar una presunta ayuda humanitaria de la mano que sólo se ha sabido levantar para clavarnos el puñal a lo largo de estos últimos 40 años pretendiendo hacernos rendir por hambre y enfermedades en una guerra económica en la que durante años arrastraron a buena parte de este mundo?

El pueblo cubano no es un pueblo soberbio. Sabe ser agradecido con aquellos que, como nosotros, comparten sus escasos recursos como ayuda simbólica en nuestra lucha contra el bloqueo.

Pero somos fieros cuando se intenta humillarnos, doblegarnos, ponernos de rodillas.

Esa es la razón por la que no podemos aceptar esta presunta ayuda humanitaria con la cual el gobierno de Estados Unidos, de manera engañosa, pretende abrir una fisura en el movimiento internacional contra el bloqueo que cobra cada día más fuerzas.

Cuba no acepta limosnas.

El día que el gobierno de Estados Unidos quiera reparar el daño infligido al pueblo cubano -daño muy superior al de todas las sequías y huracanes que puedan haber azotado a nuestro archipiélago en estas últimas cuatro décadas-, y del que es el único responsable, que levante el bloqueo, que ponga fin a su injusta, sucia y criminal guerra económica.

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