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El terrorismo fascista
en Estados Unidos
Los
cuervos duermen bien
Por
Nicanor León Cotayo
Uno de los peligros más
serios que se agazapa hoy en la sociedad estadounidense radica en las
actividades de los grupos fascistas, minoría en ascenso apegada allí
a la difusión de ese pensamiento y a la realización de acciones
terroristas.
Su agresión más
abominable y conocida fue la perpetrada en un edificio gubernamental
de Oklahoma, donde hace seis años murieron 168 personas y resultaron
heridas más de 400, hecho por el cual las autoridades capturaron y
más tarde condenaron a muerte a Timothy Mc Veigh.
Un organismo
especializado, el Centro Sureño Legal de Pobreza, informó el pasado
12 de junio en la ciudad californiana de San Diego, que hay activas en
los Estados Unidos "al menos" 194 agrupaciones "aún
más violentas" que la banda ultraderechista a la que perteneció
Mc Veigh.
Tanto el Buró Federal de
Investigaciones (FBI), como otras fuentes oficiales y periodísticas,
han referido que en ese país se mueven libremente varios cientos de
esas pandillas, e incluso algunos las hacen llegar en estos momentos a
800.
En ese contexto, a manera
de ejemplos, han llegado a cometer sabotajes en aeropuertos, derribado
tendidos eléctricos, colocado bombas en clínicas donde se practican
abortos, quemado iglesias de afronorteamericanos, asesinado a
ciudadanos de esa raza y profanado cementerios judíos.
El 5 de mayo de 1995, la
agencia de prensa española EFE dio a conocer en Washington que
un mes antes se realizó en la ciudad de Seisholtzville, estado de
Pensylvania, un titulado "Festival Hitler" de la juventud,
bajo la jefatura del ciudadano Mark Thomas.
Según
datos oficiales, en Pensylvania actuaban entonces 64 grupos de
orientación fascista, y ya los crímenes por motivos de raza se
habían elevado de 181 en el año 1988 a 417 en 1993, con el argumento
de imponer la supremacía blanca a cualquier costo.
A pesar de todo lo dicho,
el siete de julio del año 2000 el gobierno estadounidense autorizó
que un partido neonazi, llamado Nacionalista de los Caballeros de la
Libertad, efectuara un desfile por las calles de Washington hasta
concluir frente a la Casa Blanca.
Uno de los jefes del
mencionado partido, Jeff Kay, declaró no tener interés en provocar a
los afronorteamericanos, los hispanos o los judíos, sino
"mostrar solidaridad a nuestros hermanos blancos en todo el
mundo".
A raíz del sabotaje de
Oklahoma, en 1995, la secretaria norteamericana de Justicia, Janet
Reno, lo señaló como parte de una "conspiración interna",
y el jefe del FBI, Louis Freeh, denunció en el Congreso la existencia
de grupos que "se están armando" para desatar posibles
choques con las fuerzas de seguridad o por motivos políticos.
Un informe suscrito por el
director de la Liga Judía de Antidifamación, Abraham Foxman,
señaló el pensamiento antisemita y racista de esas bandas, pero
identificó el esfuerzo de Clinton para limitar las ventas de armas de
asalto como una de las causas básicas de su enfurecimiento.
Ese proyecto afectaba
intereses de la Asociación Nacional del Rifle, entidad
multimillonaria que apoyó la candidatura presidencial de George Bush
y chocó duramente con Clinton, como también hicieron empresarios
petroleros del sur y corporaciones farmacéuticas y de seguros.
En el actual gobierno de
Estados Unidos hay figuras de extrema derecha que ostentan cargos muy
importantes, como por ejemplo Condolezza Rice, y sus ideas y
comportamiento tienden a envalentonar a las bandas "ultras"
del país.
Esto equivale a decir
mayor impunidad para que los fascistas norteamericanos exhiban sus
uniformes, su armamento, sus entrenamientos, su industria de
propaganda, y al mismo tiempo representa un estímulo a su vocación
terrorista.
De ahí las amorosas
relaciones entre la Casa Blanca y la Fundación Nacional Cubano
Americana (FNCA), facción que Luis Posada Carriles describe en un
libro como su protectora, y que ha tenido a uno de igual catadura,
Guillermo Novo Sampol, entre otras cosas, como integrante de su
comisión de propaganda.
Los fascistas de Estados
Unidos son particularmente fuertes en la Florida, precisamente donde
radica la jefatura de la FNCA y se han fraguado múltiples agresiones
contra Cuba, y de esa alianza entre cuervos se desprende una historia
cuya principal responsabilidad recae sobre las autoridades de
Washington.
Entonces ¿podría alguien
sobre el planeta censurar que se adopten medidas para conocer y
frustrar los planes terroristas de esos elementos? ¿Cómo juzgar a
quienes en medio de duros sacrificios logren evitar que esas pandillas
continúen actuando impunemente?
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