| Elecciones en Estados Unidos: la
imagen se desmorona pulgada a pulgada Nicanor
León Cotayo/ Septiembre '99
Una vez más en el Congreso de Estados Unidos tratan de
frenar el decisivo papel que allí desempeña el dinero en los procesos electorales, pero
la iniciativa parece avanzar hacia un nuevo fracaso.
El mismo esfuerzo resultó infructuoso el año pasado,
cuando una parte del Senado encabezada por legisladores sureños logró detener un
proyecto enfilado a reducir la corrupción en el financiamiento electoral.
Las regulaciones permiten que un ciudadano estadounidense
entregue mil dólares a un candidato y hasta 20 mil a un partido, en tanto que los
llamados Comités de Acción Política, una especie de fondo creado por empresarios y
otros intereses, pueden otorgar cinco mil a un candidato y 15 mil a un partido.
Junto a ello, las grandes corporaciones nacionales, y las
extranjeras radicadas en el país, pueden hacer llegar cantidades no limitadas de dinero a
los partidos, dicho más claramente, al Demócrata y Republicano que se turnan en el
poder.
Ambas organizaciones colocan en realidad esos fondos en
manos de candidatos que defienden temas específicos, no ajenos al interés de los
contribuyentes, y la operación es denominada "soft money" (dinero suave).
Por esa vía, dio a conocer la prensa, que en los primeros
seis meses del año actual esos dos partidos recaudaron 55 millones de dólares, un 80 por
ciento más que lo acopiado durante el mismo período cuando las elecciones de 1996.
La iniciativa que vuelve a circular en el Congreso defiende
la necesidad de eliminar el soft money, entre otras razones porque actúa como una rueda
suelta que nadie controla e incrementa la corrupción en la vida política del país.
¿Cuál es el pronóstico al respecto? Que tal esfuerzo
puede correr este año la misma suerte del anterior, y quedar congelado hasta después de
los comicios del 2000, que se perfilan como los más caros de la historia norteamericana.
Pasajes del proceso electoral, ahora en marcha, sirven para
corroborar hasta qué punto el dinero se ha convertido en el personaje más importante de
esos torneos.
El 31 de agosto último, el más fuerte aspirante a la
candidatura presidencial republicana, George Bush (hijo), había superado los 50 millones
de dólares en recaudaciones, y se anunció que al finalizar septiembre puede llegar a 60
millones.
Según el periódico Dallas Morning News, esto triplica el
dinero obtenido por aspirantes presidenciales en igual momento de la campaña, como por
ejemplo William Clinton, que para los comicios de 1996 había alcanzado 19,5 millones de
dólares.
"Es increíble. Cada vez que Bush va a alguna parte,
vuelve con otro millón de dólares", comentó a reporteros Herbert Alexander,
profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Meridional de California.
El 15 de agosto el Partido Republicano organizó en el
estado de Iowa una muestra de preferencias entre nueve aspirantes a su candidatura
presidencial, y según reportó la agencia noticiosa AFP, "los resultados
favorecieron a quienes más invirtieron en este evento".
Así, Bush ocupó el primer lugar con el 31 por ciento de
los votos de miembros del partido, y el poderoso hombre de negocios Steve Forbes, que solo
en la actividad de ese domingo gastó dos millones de dólares, saltó de los últimos
escaños en que lo situaban las encuestas al segundo.
Antes, el nueve de julio, Notimex señaló en Washington
que la actividad de Albert Gore por obtener la candidatura demócrata había sido frenada
"luego del avasallador poder de colectar dinero del republicano George Bush",
quien más que duplicó los fondos a disposición del primero.
Debido a eso, opinó la agencia mexicana, "los medios
de comunicación más importantes del país le dedican más espacio noticioso a la
campaña de Bush que a la de Gore, a partir de que se diese a conocer la cantidad de
dinero que tenía cada uno en sus arcas".
Otro aspirante demócrata, el ex senador William Bradley,
afirmó en un discurso que esas contribuciones son un "gran muro de piedra entre el
pueblo y sus representantes", y un ácido que "carcome la trama de la
democracia". Como solución propone que las cruzadas electorales sean financiadas por
individuos y por el gobierno.
Los que pagan campañas electorales en Estados Unidos más
tarde cobran el favor. Es de recordar, a manera de ejemplo, el caso de la titulada
Fundación Nacional Cubano Americana, con sede en Miami, que ha entregado dinero a manos
llenas en la Florida y Washington para garantizar acciones contra Cuba en el Capitolio y
otros lugares.
El pasado 18 de junio, durante su estancia en la ciudad
alemana de Colonia, Clinton denunció a la Asociación Nacional del Rifle por manejar a su
antojo el Congreso de Washington gracias a las enormes cifras de dinero que destina a
apoyar las cruzadas electorales de muchos legisladores.
El mandatario hizo tal pronunciamiento luego de un acuerdo
adoptado horas antes por la Cámara de Representantes de su país, que disminuía en gran
medida el control sobre compras que podía hacer cualquier persona en una feria donde se
vendan armas.
Esa votación se llevó a cabo por la madrugada, señaló
el Presidente, "para que nadie se diera cuenta de que la Asociación Nacional del
Rifle todavía sigue controlando el Congreso para su propio beneficio en lugar de por el
interés del pueblo".
El proyecto de ley, que sabotearon los fabricantes de
armamentos agrupados en la Asociación, surgió a raíz de un tiroteo que tuvo lugar en
una escuela de Littletown, estado de Colorado, donde murieron 15 personas, tragedia ya
repetida en otros lugares.
Hace años existe preocupación en Estados Unidos por la
falta de credibilidad que afecta a sus procesos electorales. Diversas encuestas han
indicado que la mayoría de la población no tiene confianza, ni en la política, ni en
casi ningún político.
De ahí la frialdad e indiferencia que circundan allí a
las elecciones, y el cada vez menor espacio que, según estadísticas públicas, le
dedican la televisión y otros medios, incluso, a los debates que sostienen las
principales figuras.
Cifras impresionantes de estadounidenses, una cantidad
parecida a los habitantes que tiene México, no han votado en los comicios presidenciales
de los últimos años, y una cifra superior se ha ausentado de las urnas en los destinados
a renovar el Congreso.
Sin embargo, a lo largo de 40 años Cuba ha sido acusada de
no ser un país democrático, entre otras cosas, por no practicar todo lo dicho, y porque
decidió ir en busca de una alternativa electoral más limpia y vinculada al sentir del
pueblo.
La gigantesca propaganda norteamericana aún puede
encandilar a muchos en el mundo, pero no puede diluir en ácido la realidad del sistema
electoral que existe en Estados Unidos, cuya imagen se desmorona pulgada a pulgada, sin
pasaje de regreso.
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