| La gran plaga Por Néstor Núñez/ Septiembre '99
Como un temible enjambre que cobra vidas a diestro y
siniestro, las armas ligeras proliferan ilegalmente en muchas partes del planeta sin el
más mínimo control.
Entidades internacionales preocupadas por el creciente
tráfico de armas pequeñas aseguran que se trata de un negocio de miles de millones de
dólares, que involucra a grupos terroristas, criminales comunes, traficantes de drogas,
mercenarios, organizaciones de extrema derecha y funcionarios venales.
En ese sentido, y para poner coto a tan peligroso tráfico,
se ha propuesto la firma de una convención internacional que coarte la actividad de los
mafiosos y deje la circulación de dicho armamento en manos de gobiernos y entidades
responsables.
Actualmente, existen más de 500 millones de armas ligeras
ilegales en el mundo.
La mayoría de las armas ligeras ilegales que circulan por el
planeta son producidas por los consorcios bélicos de las naciones industrializadas, pero
por lo general van a parar, y matar, al Sur.
La colección es enorme, e incluye variadas gamas de fusiles
de asalto, ametralladoras, pistolas, minas terrestres, granadas, morteros de pequeño
porte, y, últimamente, misiles de igual categoría.
Según los datos disponibles, el 40% del flujo internacional
de armas pequeñas corre a cuenta de los traficantes y, por tanto, usa cauces ilegales.
Son las armas que se utilizan para atentados terroristas, guerras étnicas, masacres y
otros actos de barbarie que en estos tiempos sacuden a numerosos países, especialmente
del conglomerado de pueblos empobrecidos.
Mientras estos traficantes amasan millones de dólares en
ganancias, sólo en Africa Occidental dos millones de personas perdieron la vida desde
inicios de la década debido a conflictos donde la incidencia de esos pertrechos fue
fundamental.
Gracias al robo y la comercialización ilícita de diamantes
y oro, por ejemplo, el cabecilla Jonás Savimbi accede a los arsenales de los traficantes
y rearma a sus tropas, que asesinan y cometen actos atroces en territorio de Angola.
Los grupos de vándalos armados a nivel internacional han
involucrado forzosamente a más de trescientos mil menores de 17 años en sus acciones;
obstaculizan la ayuda internacional a las víctimas de los conflictos que les reportan
ganancias, e incluso más de una vez han asesinado a funcionarios neutrales y
representantes de la prensa.
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