
El derecho de la
Humanidad a existir
La
Habana, diciembre 27.- El
cambio climático está causando ya considerable daño
y cientos de millones de pobres están sufriendo las consecuencias.
Los
centros de investigaciones más avanzados aseguran que queda
muy poco tiempo para evitar una catástrofe irreversible.
James Hansen, del Instituto Goddard de la NASA, asegura que un nivel
de 350 partes del dióxido de carbono por millón es
todavía tolerable; hoy sobrepasa sin embargo la cifra de
390 y se incrementa a ritmo de 2 partes por millón cada año,
rebasando los niveles de hace 600 mil años. Las últimas
dos décadas han sido, cada una de ellas, las más calurosas
desde que se tienen noticias del registro. El mencionado gas aumentó
80 partes por millón en los últimos 150 años.
El
hielo del Mar Ártico, la enorme capa de dos kilómetros
de espesor que cubre Groenlandia, los glaciares de América
del Sur que nutren sus fuentes principales de agua dulce, el volumen
colosal que cubre la Antártida, la capa que resta del Kilimanjaro,
los hielos que cubren el Himalaya y la enorme masa helada de Siberia
se están derritiendo visiblemente. Científicos notables
temen saltos cuantitativos en estos fenómenos naturales que
originan el cambio.
La
humanidad puso grandes esperanzas en la Cumbre de Copenhague, después
del Protocolo de Kyoto suscrito en 1997, que entró en vigor
el año 2005. El estruendoso fracaso de la Cumbre dio lugar
a bochornosos episodios que requieren el debido esclarecimiento.
Estados
Unidos, con menos del 5% de la población mundial emite el
25% del dióxido de carbono. El nuevo Presidente de Estados
Unidos había prometido cooperar con el esfuerzo internacional
para enfrentar un problema que afecta a ese país tanto como
al resto del mundo. Durante las reuniones previas a la Cumbre, se
hizo evidente que los dirigentes de esa nación y los de los
países más ricos maniobraban para hacer caer el peso
de los sacrificios sobre los países emergentes y pobres.
Gran
número de líderes y miles de representantes de los
movimientos sociales e instituciones científicas decididos
a luchar por preservar la humanidad del mayor riesgo de su historia,
acudieron a Copenhague invitados por los organizadores de la Cumbre.
Omito referirme a detalles sobre la brutalidad de la fuerza pública
danesa, que arremetió contra miles de manifestantes e invitados
de los movimientos sociales y científicos que acudieron a
la capital de Dinamarca para concentrarme en los aspectos políticos
de la Cumbre.
En
Copenhague reinó un verdadero caos y sucedieron cosas increíbles.
A los movimientos sociales e instituciones científicas no
les permitieron asistir a los debates. Hubo Jefes de Estado y Gobierno
que no pudieron siquiera emitir sus opiniones sobre vitales problemas.
Obama y los líderes de los países más ricos
se adueñaron de la conferencia con la complicidad del gobierno
danés. Los organismos de Naciones Unidas fueron relegados.
Barack
Obama, que llegó el último día de la Cumbre
para permanecer allí solo 12 horas, se reunió con
dos grupos de invitados escogidos “a dedo” por él
y sus colaboradores. Junto a uno de ellos se reunió en la
sala del plenario con el resto de las más altas delegaciones.
Hizo uso de la palabra y se marchó de inmediato por la puerta
trasera. En ese plenario, excepto el pequeño grupo seleccionado
por él, se les prohibió a los demás representantes
de los estados hacer uso de la palabra. En esa reunión, a
los Presidentes de Bolivia y de la República Bolivariana
de Venezuela se les permitió hablar, porque al Presidente
de la Cumbre no le quedó otra alternativa que concederles
el uso de la palabra, ante el reclamo enérgico de los presentes.
En
otra sala contigua, Obama reunió a los líderes de
los países más ricos, varios de los Estados emergentes
más importantes y dos muy pobres. Presentó un documento,
negoció con dos o tres de los países más importantes,
ignoró a la Asamblea General de Naciones Unidas, ofreció
conferencias de prensa, y se marchó como Julio César
en una de sus campañas victoriosas en Asia Menor, que lo
llevó a exclamar: Llegué, vi y vencí.
El
propio Gordon Brown, Primer Ministro del Reino Unido, había
afirmado el 19 de octubre: “Si no llegamos a un acuerdo en
el curso de los próximos meses, no debemos tener duda alguna
de que, una vez que el crecimiento no controlado de las emisiones
haya provocado daños, ningún acuerdo global retrospectivo
en algún momento del futuro podrá deshacer tales efectos.
Para ese entonces será irremisiblemente demasiado tarde.”
Brown
concluyó su discurso con dramáticas palabras: “No
podemos darnos el lujo de fracasar. Si fracasamos ahora, pagaremos
un precio muy alto. Si actuamos ahora, si actuamos de conjunto,
si actuamos con visión y determinación, el éxito
en Copenhague estará todavía a nuestro alcance. Pero
si fracasamos, el planeta Tierra estará en peligro, y para
el planeta no existe un Plan B.”
Ahora
declaró con arrogancia que la Organización de Naciones
Unidas no debe ser tomada como rehén por un pequeño
grupo de países como Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua
y Tuvalu, a la vez que acusa a China, India, Brasil, Sudáfrica
y otros Estados emergentes de ceder a las seducciones de Estados
Unidos para suscribir un documento que lanza al cesto de basura
el Protocolo de Kyoto y no contiene compromiso vinculante alguno
por parte de Estados Unidos y sus aliados ricos.
Me
veo obligado a recordar que la Organización de Naciones Unidas
nació hace apenas seis décadas, después de
la última Guerra Mundial. Los países independientes
no rebasaban entonces la cifra de 50. Hoy la integran más
de 190 Estados independientes, luego que el odioso sistema colonial
dejó de existir por la lucha decidida de los pueblos. A la
propia República Popular China durante muchos años
se le negó su pertenencia a la ONU, y un gobierno títere
ostentaba su representación en esa institución y en
su privilegiado Consejo de Seguridad.
El
apoyo tenaz del creciente número de países del Tercer
Mundo fue indispensable en el reconocimiento internacional de China,
y un factor de suma importancia para que Estados Unidos y sus aliados
de la OTAN le reconocieran sus derechos en la Organización
de Naciones Unidas.
En
la heroica lucha contra el fascismo, la Unión Soviética
había realizado el mayor aporte. Más de 25 millones
de sus hijos murieron, y una enorme destrucción asoló
el país. De esa lucha emergió como superpotencia capaz
de contrapesar en parte el dominio absoluto del sistema imperial
de Estados Unidos y las antiguas potencias coloniales para el saqueo
ilimitado de los pueblos del Tercer Mundo. Cuando la URSS se desintegró,
Estados Unidos extendió su poder político y militar
hacia el Este, hasta el corazón de Rusia, y su influencia
sobre el resto de Europa se incrementó. Nada de extraño
tiene lo ocurrido en Copenhague.
Deseo
subrayar lo injusto y ultrajante de las declaraciones del Primer
Ministro del Reino Unido y el intento yanki de imponer, como Acuerdo
de la Cumbre, un documento que en ningún momento fue discutido
con los países participantes.
El
Canciller de Cuba, Bruno Rodríguez, en la conferencia de
prensa ofrecida el 21 de diciembre, afirmó una verdad que
es imposible negar; emplearé algunos de sus párrafos
textuales: “Quisiera enfatizar que en Copenhague no hubo acuerdo
alguno de la Conferencia de las Partes, no se tomó ninguna
decisión con relación a compromisos vinculantes o
no vinculantes, o de naturaleza de Derecho Internacional, en modo
alguno; simplemente, en Copenhague no hubo acuerdo”
“La
Cumbre fue un fracaso y un engaño a la opinión pública
mundial. [...] quedó al desnudo la falta de voluntad política…”
“…fue
un paso atrás en la acción de la comunidad internacional
para prevenir o mitigar los efectos del cambio climático…”
“…el
promedio de la temperatura mundial podría aumentar en 5 grados…”
De
inmediato nuestro Canciller añade otros datos de interés
sobre las posibles consecuencias de acuerdo a las últimas
investigaciones de la ciencia.
“…desde
el Protocolo de Kyoto hasta la fecha las emisiones de los países
desarrollados se elevaron 12,8%… y de ese volumen el 55% corresponde
a Estados Unidos.”
“Un
estadounidense consume, como promedio, 25 barriles de petróleo
anuales, un europeo 11, un ciudadano chino menos de dos, y un latinoamericano
o caribeño, menos de uno.”
“Treinta
países, incluidos los de la Unión Europea, consumen
el 80% del combustible que se produce.”
El
hecho muy real es que los países desarrollados que suscribieron
el Protocolo de Kyoto aumentaron drásticamente sus emisiones.
Quieren sustituir ahora la base adoptada de las emisiones a partir
de 1990 con la del 2005, con lo cual Estados Unidos, el máximo
emisor, reduciría a solo 3% sus emisiones de 25 años
antes. Es una desvergonzada burla a la opinión mundial.
El
Canciller cubano, hablando en nombre de un grupo de países
del ALBA, defendió a China, India, Brasil, Sudáfrica
y otros importantes Estados de economía emergente, afirmando
el concepto alcanzado en Kyoto de “‘responsabilidades
comunes, pero diferenciadas, quiere decir que los acumuladores históricos
y los países desarrollados, que son los responsables de esta
catástrofe, tienen responsabilidades distintas a las de los
pequeños Estados insulares o a las de los países del
Sur, sobre todo los países menos desarrollados…”
“Responsabilidades
quiere decir financiamiento; responsabilidades quiere decir transferencia
de tecnología en condiciones aceptables, y entonces Obama
hace un juego de palabras, y en vez de hablar de responsabilidades
comunes pero diferenciadas, habla de ‘respuestas comunes,
pero diferenciadas’.”
“…abandona
el plenario sin dignarse a escuchar a nadie, ni había escuchado
a nadie antes de su intervención.”
En
una conferencia de prensa posterior, antes de abandonar la capital
danesa, Obama afirma: “Hemos producido un sustancioso acuerdo
sin precedente aquí en Copenhague. Por primera vez en la
historia, las mayores economías hemos venido juntas a aceptar
responsabilidades.”
En
su clara e irrebatible exposición, nuestro Canciller afirma:
“¿Qué quiere decir eso de que ‘las mayores
economías hemos venido juntas a aceptar nuestras responsabilidades’?
Quiere decir que están descargando un importante peso de
la carga que significa el financiamiento para la mitigación
y la adaptación de los países sobre todo del Sur al
cambio climático, sobre China, Brasil, India y Sudáfrica;
porque hay que decir que en Copenhague se produjo un asalto, un
atraco contra China, Brasil, India, Sudáfrica y contra todos
los países llamados eufemísticamente en desarrollo.”
Estas
fueron las palabras contundentes e irrebatibles con las que nuestro
Canciller relata lo sucedido en Copenhague.
Debo
añadir que, cuando a las 10 de la mañana del día
19 de diciembre nuestro vicepresidente Esteban Lazo y el Canciller
cubano se habían marchado, se produce el intento tardío
de resucitar al muerto de Copenhague como un acuerdo de la Cumbre.
En ese momento no quedaba prácticamente ningún Jefe
de Estado ni apenas Ministros. De nuevo la denuncia de los restantes
miembros de las delegaciones de Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua
y otros países derrotaron la maniobra. Así finalizó
la ingloriosa Cumbre.
Otro
hecho que no puede olvidarse fue que en los momentos más
críticos de ese día, en horas de la madrugada, el
Canciller de Cuba, en unión de las delegaciones que libraban
su digna batalla, le ofrecieron al Secretario General de Naciones
Unidas, Ban Ki-moon, su cooperación en la lucha cada vez
más dura que se estaba librando, y en los esfuerzos que deben
llevarse a cabo en el futuro para preservar la vida de nuestra especie.
El
grupo ecológico Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) advirtió
que el cambio climático quedaría fuera de control
en los próximos 5 a 10 años, si no se recortan drásticamente
las emisiones.
Pero
no hace falta demostrar lo esencial de lo que aquí se afirma
sobre lo que hizo Obama.
El
Presidente de Estados Unidos declaró el miércoles
23 de diciembre que las personas tienen razón en estar decepcionadas
por el resultado de la Cumbre sobre el Cambio Climático.
En entrevista por la cadena de televisión CBS, el mandatario
indicó que “‘en vez de ver un total colapso,
sin que hubiese hecho nada, lo que hubiera sido un gigante retroceso,
al menos pudimos mantenernos más o menos donde estábamos’…”
Obama
-afirma el despacho noticioso- es el más criticado por aquellos
países que, de forma casi unánime, sienten que el
resultado de la Cumbre fue desastroso.
La
ONU ahora está en un aprieto. Pedirles a otros países
que se adhieran al arrogante y antidemocrático acuerdo sería
humillante para muchos Estados.
Continuar
la batalla y exigir en todas las reuniones, particularmente las
de Bonn y de México, el derecho de la humanidad a existir,
con la moral y la fuerza que nos otorga la verdad, es a nuestro
juicio el único camino.

Fidel
Castro Ruz
Diciembre
26 de 2009
8
y 15 p.m.
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