Mensaje
de René González al pueblo de Cuba
La
Habana, abril 17.- Mensaje
a mi pueblo:
Queridos
compatriotas:
De
regreso al mundo del absurdo tras una muy breve visita a la patria
que ha suscitado en algunos las más diversas elucubraciones
-muchas de un nivel de insania que sólo los detractores de
nuestra sociedad pueden ejercitar- es tiempo de saldar una deuda
con nuestro pueblo a través de estas palabras. No van dirigidas
a quienes esperaban criticarnos anticipando que mi estancia en Cuba
se convirtiera en un acto político y ahora lo hacen porque
resultó en un ejemplo de discreción; ni a los que
auguraban que no regresaría y ahora se buscan las más
disímiles racionalizaciones porque lo hice. Se trata del
elemental deber ante un pueblo que recibió como suyo el alivio
que significó este paréntesis, muchos de cuyos hijos
en el mejor espíritu solidario y generoso esperaban seguir
mi visita. Sólo a estos últimos las debo.
Como
bien se informó la solicitud de mi viaje a Cuba tuvo un carácter
humanitario en el marco de la letra y el espíritu de la figura
jurídica de libertad supervisada. No se trató ni de
un favor ni de una demanda política, sino de una situación
prevista por las leyes y cuya solución fue tramitada en el
más estricto apego a las mismas. En el mismo ánimo
de respeto a la legalidad que nos ha guiado desde el principio de
este proceso era imprescindible que no convirtiéramos mi
estancia en la patria en algo que no se ajustara a la naturaleza
de tal solicitud. En ello iba nuestra palabra y se ponía
en juego el espacio moral que durante estos años hemos conquistado,
los Cinco, en esta historia.
De
lo anterior se desprende la poca exposición que se dio a
la visita, y que puede haber parecido sorprendente para algunos.
Estamos seguros de que esta explicación será comprendida
por todos los que nos quieren, y que veían en mi estancia
la posibilidad de algunas demostraciones públicas de regocijo
y alegría. Las limitaciones que impuso la naturaleza de mi
viaje hicieron esto imposible, más allá de lo que
se pudo propiciar espontáneamente en algunos lugares en que
mi presencia era ineludible por razones de obligado agradecimiento
o pasadas vivencias; añadidas las restricciones de tiempo
dadas por el encuentro con mi familia y el compartir con mi hermano
enfermo; motivo directo de mi viaje.
De
mis breves andares por nuestras calles y del contacto espontáneo
con parte de nuestro pueblo me traigo recuerdos imborrables, que
me sirven de inspiración y me dan fuerzas. De cubanos de
todas las procedencias recibí en estos días un cariño
fluido, sincero, respetuoso de la condición de mi visita
y de la discreción que requería, expresado en todas
las maneras posibles. Sé que a través de cada uno
de esos compatriotas me estaba llegando el afecto de los millones
que hubieran querido estar al tanto de nuestra estancia. A todos
-tanto los que me privilegiaron con su contacto como los que no-
les quiero expresar mi profundo agradecimiento ya sea por sus muestras
de generoso respeto como por sus expresiones de solidaridad y buenos
deseos para con mi hermano.
De
regreso al mundo del absurdo me dispongo a seguir en esta larga
batalla porque se nos haga justicia. Era imprescindible que mi conducta
en Cuba fuera de extrema moderación. Era impensable que no
regresara. Me traigo en el corazón las intensas vivencias
de estos hermosos catorce días junto a mi pueblo, con el
que algún día celebraremos el regreso de los Cinco.
Por
lo pronto a todos, en nombre de mi familia y en el propio, llegue
nuestro más profundo agradecimiento.
Y
en nombre de los Cinco, les reitero que no les fallaremos y seremos
siempre dignos de ustedes.
Un
fuerte abrazo.
René
González Sehwerert
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